domingo, 16 de agosto de 2009

Diario de una luna. 15 de agosto


Ha sido un día pacífico, juguetón y mágico...

Todos hemos construido unas varitas mágicas de bruja y/o mago y han salido preciosas, cuando vuelva de unos días de descanso os las enseñaré.
Juegos en la piscina y sieeeesssta, una sieeeessssta laaaaarga que dió mucho de sí (jeje), cosa que agradecemos mucho Sunie y yo.
A la tarde peli de dibujos y después despedida.
Ellos se van felices y es de agradecer, a veces creo que hacemos las cosas bien.
Los voy a echar de menos.
Os quiero mucho peques.

viernes, 14 de agosto de 2009

Diario de una luna. 14 de agosto

Aunque sigue latente la necesidad de dedicarme a mi misma, hoy he aceptado mucho mejor la situación.
Se alejan la broncas...
Se acerca la permisividad.
Aunque siga resultándome muy intenso cuidar sola de mis cuatro hijos.
Cuando Sunie llega a casa la tarea es mucho más liviana... sólo por el hecho de poder hablar con un adulto todo se se pone en otro lugar.
Además llevo dos días con la sombra detrás de mi, la sombra que me recuerda constantemente que mañana se van con su padre quince días... uffff.... y yo regañándoles.
¡¡Cuántas contradicciones!!
¡¡Que alguien exhorcise esta culpa!!

Diario de una luna. 13 de agosto

LUNA MENGUANTE

Peleas de hermanos.
Llantos de niños.
Gritos de madre.

Peleas de hermanos.
Llantos de niños.
Gritos de madre.

¿Qué planeta regiría hoy en el cielo?

La paciencia se escapó por las rendijas...
Perdí los nervios.

Algunos momentos de paz, pero pocos.

La culpa quiere aposentarse en mi cabeza pero no le voy a dejar.

Ahora que el silencio habita en casa porque los cuatro nenes duermen... voy a acurrucarme en el sofá junto a Suine para ver una buena peli.

No he sangrado

jueves, 13 de agosto de 2009

Algo sobre el aburrimiento de los/as niños/as

A los padres les horroriza pensar que su hijo se aburre en casa durante estos días de vacaciones, pero desde el punto de vista psicológico, sólo aquél que se aburre reconoce que debe encontrar algo con que motivar su mente. Aburrirse estimula la construcción de pensamientos y conceptos y ayuda a los niños a pensar por si mismos, a ser autónomos. Así, un niño aburrido se convierte en uno con posibilidades de construir un nuevo juego o imaginar una nueva idea.

A mi esta idea me relaja bastante.

Teneis toda la información en el blog grupo maternal.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Diario de una luna. 12 de agosto

Me levanto con dolor de cabeza.
Hay risas en casa. Juegos en la piscina.
Busco un rato para encontrarme con Sunie. Es difícil pero tengo muchas ganas de sentirlo.
Lo conseguimos a duras penas ja ja ja, la pequeña no aguantó mucho en la siesta... pero me he conectado, el amor me inunda el corazón.
Los miro a los cuatro jugando en la piscina y he sentido la Vida, la Belleza...
Soy feliz.
Muy poca sangre.

Piel de foca, piel de alma

Me encanta este cuento... habla mucho de nosotras.


En una época pasada que ahora ya desapareció para siempre y que muy pronto regresará, día tras día se suceden el blanco cielo, la blanca nieve, y todas las minúsculas manchas que se ven en la distancia son personas, perros u osos.
Aquí nada prospera gratis. Los vientos soplan con tal fuerza que ahora la gente se pone deliberadamente del revés las parkas y las mamleks, las botas. Aquí las palabras se congelan en el aire y las frases se tienen que romper en los labios del que habla y fundir a la vera del fuego para que la gente pueda comprender lo que ha dicho. Aquí la gente vive en el blanco y espeso cabello de la anciana Annuluk, la vieja abuela, la vieja bruja que es la mismísima Tierra. Y fue precisamente en esta tierra donde una vez vivió un hombre, un hombre tan solitario que, con el paso de los años, las lágrimas habían labrado unos profundos surcos en sus mejillas.
Un día estuvo cazando hasta después de anochecido pero no encontró nada. Cuando la luna apareció en el cielo y los témpanos de hielo brillaron, llegó a una gran roca moteada que sobresalía en el mar y su aguda mirada creyó ver en la parte superior de aquella roca un movimiento extremadamente delicado. Se acercó remando muy despacio a ella y observó que en lo alto de la impresionante roca danzaban unas mujeres tan desnudas como sus madres las trajeron al mundo. Pues bien, puesto que era un hombre solitario y no tenía amigos humanos más que en su recuerdo, se quedó a mirar. Las mujeres parecían seres hechos de leche de luna, en su piel brillaban unos puntitos plateados como los que tiene el salmón en primavera y sus manos y pies eran alargados y hermosos.
Eran tan bellas que el hombre permaneció embobado en su embarcación acariciada por el agua que lo iba acercando cada vez más a la roca, Oía las risas de las soberbias mujeres, o eso le parecía; ¿o acaso era el agua la que se reía alrededor de la roca? El hombre estaba confuso y aturdido, pero, aun así, la soledad que pesaba sobre su pecho como un pellejo mojado se disipó y, casi sin pensar, como si eso fuera lo que tuviera que hacer, el hombre saltó a la roca y robó una de las pieles de foca que allí había. Se ocultó detrás de una formación rocosa y escondió la piel de foca en su qutnguq, su parka.
Muy pronto una de las mujeres llamó con una voz que era casi lo más bello que el hombre jamás en su vida hubiera escuchado, como los gritos de las ballenas al amanecer, no, quizá como los lobeznos recién nacidos que bajaban rodando por la pendiente en primavera o, pero no, era algo mucho mejor que todo eso, aunque, en realidad, daba igual porque, ¿qué estaban haciendo ahora las mujeres?
Pues ni más ni menos que cubrirse con sus pieles de foca y deslizarse una a una hacia el mar entre alegres gritos de felicidad.
Todas menos una. La más alta de ellas buscaba por todas partes su piel de foca, pero no había manera de encontrarla. El hombre se armó de valor sin saber por qué. Salió de detrás de la roca y llamó a la mujer.
-Mujer.. sé... mi... esposa. Soy.. un hombre... solitario.
-No puedo ser tu mujer -le contestó ella-, yo soy de las otras, de las que viven temeqvanek, debajo.
-Sé... mi... esposa -insistió el hombre-. Dentro de siete veranos te devolveré tu piel de foca y podrás irte o quedarte, como tú prefieras.
La joven foca le miró largo rato a la cara con unos ojos que, de no haber sido por sus verdaderos orígenes, hubieran podido parecer humanos, y le dijo a regañadientes:
-Iré contigo. Pasados los siete veranos, tomaré una decisión.
Así pues, a su debido tiempo tuvieron un hijo al que llamaron Ooruk. El niño era ágil y gordo. En invierno su madre le contaba a Ooruk cuentos acerca de las criaturas que vivían bajo el mar mientras su padre cortaba en pedazos un oso o un lobo con su largo cuchillo. Cuando la madre llevaba al niño Ooruk a la cama le mostraba las nubes del cielo y todas sus formas a través de la abertura para la salida del humo. Sólo que, en lugar de hablarle de las formas del cuervo, el oso y el lobo, le contaba historias de la morsa, la ballena, la foca y el salmón... pues ésas eran las criaturas que ella conocía.
Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, la carne de la madre empezó a secarse. Primero se le formaron escamas y después grietas. La piel de los párpados empezó a desprenderse. Los cabellos de la cabeza se le empezaron a caer al suelo. Se volvió naluaq, de un blanco palidísimo. Su gordura empezó a marchitarse. Trató de disimular su cojera. Cada día, y sin que ella lo quisiera, sus ojos se iban apagando. Empezó a extender la mano para buscar a tientas el camino, pues se le estaba nublando la vista.
Y llegó una noche en que unos gritos despertaron al niño Ooruk y éste se incorporó en la cama, envuelto en sus pieles de dormir. Oyó un rugido como el de un oso, pero era su padre regañando a su madre. oyó un llanto como de plata restregada contra la piedra, pero era su madre.
-Me escondiste la piel de foca hace siete largos años y ahora se acerca el octavo invierno. Quiero que me devuelvas aquello de lo que estoy hecha -gritó la mujer foca.
-Pero tú me abandonarías si te la diera, mujer -tronó el marido.
-No sé lo que haría. Sólo sé que necesito lo que me corresponde.
-Me dejarías sin esposa y dejarías huérfano de madre al niño. Eres mala.
Dicho lo cual, el marido apartó a un lado el faldón de cuero de la entrada y se perdió en la noche.
El niño quería mucho a su madre. Temía perderla y se durmió llorando... hasta que el viento lo despertó. Era un viento muy raro... y parecía llamarlo, "Oooruk, Oooruuuuk".
Saltó de la cama tan precipitadamente que se puso la parka al revés y se subió las botas de piel de foca sólo hasta media pierna. Al oír su nombre una y otra vez, salió a toda prisa a la noche estrellada.
-Oooooooruuuuk.
El niño se dirigió corriendo al acantilado que miraba al agua y allí, en medio del mar agitado por el viento, vio una enorme y peluda foca plateada... la cabeza era muy grande, los bigotes le caían hasta el pecho y los ojos eran de un intenso color amarillo.
-Oooooooruuuuk.
El niño bajó del acantilado y, al llegar abajo, tropezó con una piedra -mejor dicho, un bulto- que había caído rodando desde una hendidura de la roca. Los cabellos de su cabeza le azotaban el rostro cual si fueran mil riendas de hielo.
-Oooooooruuuuk.
El niño rascó el bulto para abrirlo y lo sacudió... era la piel de foca de su madre. Percibió el olor de su madre. Mientras se acercaba la piel de foca al rostro y aspiraba el perfume, el alma de su madre lo azotó cual si fuera un repentino viento estival.
-Oooh -exclamó con una mezcla de pena y alegría, acercando de nuevo la piel a su rostro. Una vez más el alma de su madre la traspasó.
-Oooh -volvió a exclamar, rebosante de infinito amor por su madre.
Y, a lo lejos, la vieja foca plateada... se hundió lentamente bajo el agua.
El niño saltó de la roca y regresó a toda prisa a casa con la piel de foca volando a su espalda y cayó al suelo al entrar. Su madre lo levantó junto con la piel de foca y cerró los ojos agradecida por haberlos recuperado a los dos sanos y salvos. Después se puso la piel de foca.
-¡Oh, madre, no lo hagas! -le suplicó el niño.
Ella lo levantó del suelo, se lo colocó bajo el brazo y se fue medio corriendo y medio tropezando hacia el rugiente mar.
-¡Oh, madre! ¡No! ¡No me dejes! -gritó Ooruk.
Y, de repente, pareció que la madre quería quedarse junto a su hijo, pero algo la llamaba, algo más viejo que ella, más viejo que él, más viejo que el tiempo.
-Oh, madre, no, no, no -gritó el niño.
Ella se volvió a mirarle con unos ojos rebosantes de inmenso amor. Tomó el rostro del niño entre sus manos e infundió su dulce aliento en sus pulmones una, dos, tres veces. Después, llevándolo bajo el brazo como si fuera un valioso fardo, se zambulló en el mar y se hundió cada vez más en él. La mujer foca y su hijo respiraban sin ninguna dificultad bajo el agua.
Ambos siguieron nadando cada vez más hondo hasta entrar en la ensenada submarina de las focas, en la que toda suerte de criaturas comían, cantaban, bailaban y hablaban. La gran foca macho plateada que había llamado a Ooruk desde el mar nocturno lo abrazó y lo llamó "nieto".
-¿Cómo te fue allí arriba, hija mía? -preguntó la gran foca plateada.
La mujer foca apartó la mirada y contestó:
-Hice daño a un ser humano, a un hombre que lo dio todo para tenerme. Pero no puedo regresar junto a él, pues me convertiría en prisionera si lo hiciera.
-¿Y el niño? -preguntó la vieja foca-. ¿Y mi nieto? -continuó la vieja foca macho.
Lo dijo con tanto orgullo que hasta le tembló la voz.
-Tiene que regresar, padre. No puede quedarse aquí. Aún no ha llegado el momento de que esté aquí con nosotros.
Y se echó a llorar. Y juntos lloraron los dos.
Transcurrieron unos cuantos días y noches, siete para ser más exactos, durante los cuales el cabello y los ojos de la mujer foca recuperaron el brillo. Adquirió un precioso color oscuro, recobró la vista y las redondeces del cuerpo y pudo nadar sin ninguna dificultad. Pero llegó el día del regreso del niño a la tierra. Aquella noche el viejo abuelo foca y la hermosa madre del niño, nadaron flanqueando al niño. Regresaron subiendo cada vez más alto hasta llegar al mundo de arriba. Allí depositaron suavemente a Ooruk en la pedregosa orilla bajo la luz de la luna.
Su madre le aseguró:
-Yo estoy siempre contigo. Te bastará con tocar lo que yo haya tocado, mis palillos de encender el fuego, mi ulu, cuchillo, mis nutrias y mis focas labradas en piedra para que yo infunda en tus pulmones un aliento que te permita cantar tus canciones.
La vieja foca macho y su hija besaron varias veces al niño. Al final, se apartaron de él y se adentraron nadando en el mar. Tras mirar por última vez al niño, desaparecieron bajo las aguas. Y Ooruk se quedó porque todavía no había llegado su hora.
Con el paso del tiempo el niño se convirtió en un gran cantor e inventor de cuentos que, además, tocaba muy bien el tambor y decía la gente que todo se debía a que de pequeño había sobrevivido a la experiencia de ser transportado al mar por los grandes espíritus de las focas. Ahora, en medio de las grises brumas matinales, se le puede ver algunas veces con su kayak amarrado, arrodillado en cierta roca del mar, hablando al parecer con cierta foca que a menudo se acerca a la orilla. Aunque muchos han intentado cazarla, han fracasado una y otra vez. La llaman Tanqigcaq, la resplandeciente, la sagrada, y dicen que, a pesar de ser una foca, sus ojos son capaces de reproducir las miradas humanas, aquellas sabias, salvajes y amorosas miradas.

De "Mujeres que corren con los lobos"

Diario de una luna. 11 de agosto

Mi necesidad de recogimiento, de leer y de escribir ha hecho que hoy fuera más pesada la crianza.
En la noche que suele ser mi momento tampoco pude retirarme. Neith se agarró a mi teta, su manjar y ya no me soltó.
Me quedé dormida.
No cené.
No cubrir al menos en algo mis necesidades me hace estar cargada y pesada.
Juguetona con Sunie, le hago reir. Me gusta.
Sangrado normal.

martes, 11 de agosto de 2009

Diario de una luna. 10 de agosto

Sigo en paz conmigo misma y por tanto con mis pequeños.
Los miro y veo sus carencias emocionales y acepto que llego a donde llego y que lo demás deja un vacío.
No me duele pero me entrego a tope.
Yeray es el que más acucia esta falta de escucha.
Estos días he decidido hacer "terapia" con él.
TERAPIA DE AMOR: besos, mimos, abrazos... le hago caso en todo lo que pide, en "todo", con cariño... y la mayoría de las veces es desmedido; desmedido para mi percepción o la percepción adulta pero con sólo tres días creo que ya le está haciendo efecto.
Aprovecho este estado de ánimo y mi fuerza para hacerlo porque sé que es pasajero.
Hoy otro roce con Sunie.
Esta vez me siento dañada y me trago las lágrimas. Me alejo pero no hay reacción.
Estoy cansada.
Sangrado normal.

Diario de una luna. 9 de agosto

La serenidad está dentro de mi, la logro plamar fuera.
Cercana con mis hijos y mis hijos conmigo.
Puedo trasmitirles amor, no estoy bloqueada.
Un pequeño roce con Sunie me aleja de él, pero no me siento identificada.
Me siento conectada.
Diseño y creo Blog de una doula.
Sangre en abundancia

Diario de una luna. 8 de agosto.

Una melancolía extraña me invade todo el día.
Una tristeza tierna que también me permite sonreir me tiene parada, la mente descansa.
Siento ganas de sentirme abrazada, contenida, acariciada...
Siento amor por mis hijos y soy capaz de mostrarlo, de parar las riñas con amor, contención, escucha individual y abrazos.
Serena.
Ideo doula por internet.
Abundante sangre.

lunes, 10 de agosto de 2009

La princesa de oros

El otro día andaba en mil tribulaciones, de nuevo una mini crisis existencial. ¿Cual es mi propósito en la vida? ¿Qué pinto yo aquí? ¿Porqué mi vocación no encaja en mi entorno?...

En fin, que me decidí a sacar una carta del tarot que tenemos en casa, a veces lo hago y me ayuda mucho.


Os cuelgo aquí la carta, LA PRINCESA DE OROS, porque también el tarot nos habla de maternidad ¡cómo no!


El vientre inchado de la Princesa de Oros indica su embarazo. En sentido figurado, la Princesa de Oros también puede ser madre de una nueva identidad, idea o concepto.
En su mano izquierda, la Rosa de Isis, Gran madre de la Fertilidad.
En la cabeza, La Princesa lleva los cuernos del carnero, que indican el avance hacia un territorio desconocido.

Su pelo lo lleva peinado en trenzas largas y gruesas. La trenza significa el entrelazado de tres seres (por ejemplo, padre, madre e hijo); esto significa un vínculo y un compromiso. Sin embargo para la madre esta unidad no debería convertirse en un fin en sí. Una vez que haya transcurrido el periodo necesario para estrechar los lazos, el pelo podrá caer libremente, sin restricciones.

El trono de la Princesa entá en un bosquecillo de árboles sagrados, al pie de una montaña sagrada. El suelo donde tienen sus raices los árboles se ha llenado y transformado por la luz amarilla del espíritu que ha alcanzado la tierra desde el cielo, guiada por la vara. Asi, los árboles adquieren la función de unir el espíritu y la materia. El nacimiento de lo nuevo ha traido luz a la tierra. Los impulsos de las ideas cosmicas se hacen visibles a los seres humanos y permean todo con su cualidad divina.

Sugerencia: Medita un rato sobre la carta de la Princesa. Respira suavemente y deja que tus hojos reposen sobre el símbolo yin-yang. A continuación, cierra los ojos y siente la cualidad de lo nuevo que va a entrar en tu vida.

Afirmación: Estoy preparado para que entre la nueva belleza en mi vida.

El sabio puede cambiar de opinión,
el necio nunca.
Kant

jueves, 6 de agosto de 2009

Algunas curiosidades sobre los bebés

Los s nacen sin rótulas, éstas se desarrollan entre los seis meses y el año de vida.
Los s nacen con ojos azules. (si, debido a la falta de pigmentación).
Los de seis años ríen 300 veces al día, los adultos, 60. (hay mucho que aprender de los pequeños).
Los s nacidos en mayo son aproximadamente 200 g más grandes que los nacidos en otros meses. (será la primavera).
Un niño no crece mientras está atravesando un resfriado.
Un niño camina 176 pasos por minuto. (a los dos años, no lo creo. A los seis, podría ser)
Hasta los seis o siete meses, los s pueden respirar y tragar a la vez, los adultos, no. (de esa forma pueden tomar del pecho materno)
Los s nacen con la habilidad de nadar y contener la respiración, pero pronto la pierden. (el famoso instinto)
Los s no tienen mal aliento porque todavía no tienen dientes, allí se depositan las bacterias que hacen que el aliento huela mal.
La cabeza de un recién nacido representa un cuarto de su peso total.
La mayoría de los s reconocen la voz de su madre apenas nacen, pero tardan unos 14 días en reconocer la voz del padre. (con ella se conocen ya hace 9 meses)
Los s no sudan, sus glándulas sudoríparas no están del todo maduras. (Debe referirse a muy muy bebés porque la mía suda que no veas)
Un feto de cuatro meses es capaz de esconderse ante una luz brillante que atraviesa la tripa de la madre, así como de reaccionar ante sonidos muy fuertes.
Un feto no desarrolla huellas dactilares hasta los tres meses
Un recién nacido focaliza objetos que se encuentran a 25 cm de su nariz, la distancia que hay entre él y su madre al ser amamantado. (ve todo lo que necesita ver)
Los crecen el doble de rápido en primavera que en otoño, aunque ganan más peso durante el otoño.
Durante una ecografía se puede captar al bebé sonriendo, pero luego no lo vuelven a hacer hasta aproximadamente un mes después de nacer. (el parto le pone de mal humor)
El sentido más potente de los s es el olfato, a través del cual reconocen a su madre.
El corazón de un embrión empieza a latir a la tercera semana de su concepción.
No importa donde nazca tu hijo, compartirá el día de su cumpleaños con otras 9 millones de personas alrededor del mundo.
El récord de hijos nacidos de una misma mujer es de 69. (¡madre mía! Se pasó la vida pariendo)
La mayoría de los s llora sin lágrimas hasta que cumplen entre tres y seis semanas.
Un bebé duplica su peso al nacer a los seis meses y lo triplica al final del primer año.

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