lunes, 19 de enero de 2009

La ley del miedo usada para someter

Me entristece la docilidad de las mujeres frente a un sistema médico que no le permite ejercer unos derechos fundamentales como ser tratada como una persona adulta y responsable de sus decisiones, como su derecho a la intimidad, a adoptar la postura que deseen, su derecha a que se les consulte sobre las prácticas que se le pretenden hacer y se les informe de sus contraindicaciones, consecuencias y alternativas.
Hay muchas maneras de conseguir que una persona se someta, en el ámbito de la obstetricia, a las mujeres se las somete con un método muy efectivo, el miedo. Una mujer convencida de que el parto es un acontecimiento peligroso y arriesgado hará lo que sea para que la salven lo más rápido posible y encima dará las gracias. En el transcurso de un parto la forma más efectiva de someter a una mujer es decirle que la vida de su hijo corre peligro. Incluso si el posible riesgo para su bebé haya sido causado por la forma de atender el parto, la mujer consentirá que se le haga cualquier cosa por ver a su bebé sano y salvo.
Y doy fe de que se le hacen cosas....
Lo que a casi nadie le interesa contar es que el parto intervenido (posición tumbada, monitorizada, con oxitocina sintética, epidural, rotura de bolsa, y un largo etcétera). es más arriesgado y peligroso para la vida del bebé y de la madre que el parto en el que se respeta el proceso natural sin ninguna intervención. Será por ello que todos tenemos miedo.
Una mujer pariendo es Naturaleza en acción. En nuestra cultura, el hombre siempre ha buscado dominar la naturaleza y someterla a través de la mujer en su momento más poderoso es una gran tentación. La violencia de muchas prácticas rutinarias en el paritorio y la obsesión de la ciencia por robarle la reproducción a la mujer (sirvan como ejemplos el parto medicalizado, la reproducción asistida, el útero artificial, las leches maternizadas para sustituir el pecho materno, la incubadora...) da mucho que pensar en cuanto al papel subordinado al que se relega a la mujer, dominada y sometida por el hombre.
Las actitudes poco respetuosas, autoritarias y humillantes de ciertos profesionales pasan desapercibidas y ni siquiera se detectan como lo que son: una forma de maltrato. Hablar de partos en nuestra sociedad es hablar de maltrato a la mujer y de falta de respeto.
Nos han convencido de que la mujer no tiene nada que temer si acepta no parir a su bebé, sino permitir dócilmente que se lo extraigan. Hemos cedido nuestro poder natural olvidando que el útero que sabe gestar es un útero que sabe parir.
Nada justifica la historia de violencia que se sufre en cada parto, nada, ni siquiera salir con tu bebé en brazos. Quizás haya llegado ya el momento de cambiar las cosas y volver a tomar posesión de nuestro poder interno, de nuestra sabiduría femenina, dejar de ser dóciles y sumisas y recuperar a la “mujer salvaje” que es aquella que, como mamífera, cuando ha de proteger su vida física y emocional y la de su cría sabe dejar de ser amable y trazar una línea de no intromisión dejando fuera al depredador.
¡No a la cultura del miedo, a la que estamos tan acostumbradas; Si a la cultura del respeto y la dignidad!


Mª José Mochón

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