miércoles, 25 de febrero de 2009
Colecho
Art. de INÉS GALLASTEGUI
Entrevista a la psicóloga infantil Rosa Jove, autora del libro 'Dormir sin lágrimas.
Dejarles llorar no es la solución' facilita información teórica sobre cómo duermen los bebés y los niños pequeños y expone casos prácticos que ve en su consulta. «La mayoría de padres consulta por qué a su hijo le cuesta mucho dormirse o se despierta por la noche -explica la psicopediatra-. En ambos casos, a los niños no suele pasarles nada, son niños normales; lo que pasa es que sus padres no descansan y buscan soluciones».
-El sueño de los bebés y los niños es uno de los principales motivos de agobio para los padres. ¿Por qué?
Debido al ritmo de vida que llevamos, en que casi no tenemos tiempo ni para momentos de ocio, el hecho de tener un bebé que nos altere el descanso es un motivo de agobio. El problema no es de los niños, sino de nuestra sociedad, que no cuida a los padres y les obliga a llevar a cabo su trabajo en lugar de propiciar que puedan -durante el tiempo que el bebé necesite- compaginar más libremente su vida laboral y familiar. Ya hay medidas legales en este sentido, pero hacen falta muchas más.
-¿Cree que el problema es que los padres tienen unas expectativas poco realistas sobre cómo duermen los niños pequeños?
Sí, en muchos casos ese es el principal problema. Y ese problema está fundamentado en los intereses comerciales: si no te hacen creer que tienes un problema, no vas a comprar soluciones: libros, métodos, muñecos, etcétera. Actualmente, una gran parte de la información que corre sobre el sueño no es cierta y por eso en mis charlas suelo dedicar un espacio a informar a los padres de qué pueden esperar en cada momento de sus hijos.
-En el libro 'Dormir sin lágrimas' sugiere que son los padres los que deben adaptarse al ritmo del bebé y no al contrario. ¿Qué ocurre si los dos padres trabajan fuera de casa? ¿Cómo 'sobrevivirán' hasta que el sueño de su niño sea 'normal'?
A veces no nos planteamos que al tener un hijo nuestra vida puede cambiar: los padres deberían pensar que, si no tienen tiempo de sobra antes de tener un niño, mucho menos lo van a tener después. Por eso no estaría de más que antes de tener un bebé se buscaran soluciones laborables para que toda la familia pudiera estar atendida. No obstante, en nuestras charlas enseñamos a los padres trucos y soluciones para hacer más felices sus noches... y las de los niños.
-¿Cómo media, a qué edad aprenden los niños a dormir?
Los niños ya nacen sabiendo dormir, lo que pasa es que no lo hacen ni en las horas que los padres quieren ni en periodos muy largos de tiempo, pero eso es una cosa que ya harán con el paso del tiempo por sí solos. Las últimas estadísticas hablan de que un 81% de los niños se despiertan por la noche al año de edad y un 54% todavía lo hace a los 2 años, mientras que a los 4 años la mayoría ya duermen de un tirón.
-¿En qué circunstancias se considera que hay un problema?
Básicamente cuando hay un comportamiento 'extraño' por la noche -niños que no respiran bien, que hablan en sueños, sonámbulos, con pesadillas y terrores nocturnos-, junto con los niños que duermen muchas menos horas de lo habitual y aquellos que duermen demasiadas o que tienen ataques repentinos de sueño.
-¿Cómo influye la lactancia materna en el sueño?
La lactancia materna ayuda tanto al niño como a la madre. Respecto al niño, la leche materna contiene L-triptófano, que ayuda a dormir más, y el pecho de mamá da la seguridad y el relax necesario para dormir. Por lo que respecta a la madre, la lactancia incrementa sus niveles de prolactina y le ayuda a conciliar el sueño con más facilidad que si alimentase a su hijo de forma artificial.
-Usted es partidaria del colecho. Sin embargo, algunos manuales y pediatras lo desaconsejan.
El colecho es una practica habitual en nuestros días. Se supone que sobre un 80% de la población mundial de niños esta noche han dormido en compañía. Mucha gente piensa que eso sólo sucede en países tercermundistas, pero no es cierto: en Japón, Suecia, Noruega o Finlandia rayan el 90% de colecho. El que haya profesionales que lo desaconsejen es porque o están mal informados o tienen intereses en que se difunda lo contrario: un niño que duerme en compañía es un niño que duerme más, y por lo tanto sus padres no van a necesitar comprar nada para que duerma mejor.
-También critica duramente los métodos para enseñar a dormir a los niños. ¿Por qué?
Porque provocan en los menores secuelas emocionales, como depresiones, ansiedad e hiperactividad, pero también alteraciones a nivel de neurotransmisores y alteraciones a niveles cerebrales: se ha comprobado que los niños expuestos a estos tratamientos tienen alteraciones en el hipocampo -es más reducido- y en el cuerpo calloso, que es la parte que une los dos hemisferios cerebrales.
-La educación de los niños muchas veces implica contrariarles. Si nuestro criterio se impone en otros ámbitos, como la alimentación o los juegos peligrosos, ¿por qué hay que respetar su voluntad en el tema del sueño?
No es cierto que la forma de educar sea contrariando al menor, lo que pasa es que no tenemos una sociedad adaptada a los niños y hay situaciones peligrosas en que en lugar de reñirnos a nosotros por tenerlas reñimos a los niños por querer investigarlas: si mi hijo coge un cuchillo de la cocina la culpa es más mía por dejarlo a su vista que suya por querer cogerlo. No obstante, la contrariedad de un niño se supone que debe ser para cosas nocivas para él o para los que le rodean, no para algo tan inocuo como que elija la mejor forma para dormir. Los adultos lo hacemos cada noche. ¿Por qué a ellos les negamos ese derecho?
viernes, 20 de febrero de 2009
Nanas
Las nanas y la cultura que representan tienen un significado mucho más allá de lo musical.
Las canciones de cuna son manifestaciones de los RITMOS ARCAICOS, del rimo de la vida, una cadencia que ya interiorizamos en el vientre materno.
El calor, el vínculo piel con piel, el balanceo y el sonido simbolizan el latido del corazón de la madre que hemos escuchado durante los nueve meses de gestación: una época de máxima protección, de tranquilidad y nutrición incondicional.
Para un bebé, el mundo exterior es desconocido, ruidoso, frío y hostil y solo en el pecho materno y/o en los brazos de una persona amorosa puede sentirse “como en casa”.
El efecto relajante y terapéutico de una nana funciona tanto con un recién nacido como con un niño de tres años en plena pataleta, porque la cadencia le lleva aun estado anterior de madurez y le permite entender que todo está bien.
La cultura de las nanas pertenecen a la sabiduría ancestral de la maternidad y se transmitían a través de las generaciones por contemplación y unión. Esa cadena se rompió con la desaparición de las comunidades y las familias “tribu” a favor de la familia nuclear en las ciudades, caracterizada por poco tiempo, muchos nervios, desorientación y falta de instinto y conexión con las verdaderas necesidades del bebé.
Lamentablemente, ese vacío se llenó con las pautas de crianza de “expertos” externos y mimetismo social, y en muchos casos, la separación, los llantos, la indiferencia, un poster, un muñeco, gadgets con sonidos artificiales sustituyeron al alma humana. Nada de eso puede compensar el paraíso que representan las nanas y la magia de la crianza con apego.
Nunca es tarde de retroceder. Lo mismo que los grupos de apoyo a la lactancia y las redes de madres y padres son el eslabón perdido de los conocimientos ancestrales, podemos resucitar y generalizar la cultura de las nanas que siempre se ha mantenido viva en las tradiciones musicales de todos los lugares del mundo y en el anonimato de los hogares más sabios.
La próxima vez que queramos regalar algo a unos padres primerizos, ayudémosles a retornar al origen y a su corazón en vez de ofrecerles objetos que les separan aun más de sus hijos.
La cultura de las nanas es uno de los ingredientes de la paz social y de un mundo mejor.
Que ningún niño ni adulto busqué fuera la protección y el “ritmo” que debía haber recibido de su propia familia. Eso es la revolución de las madres.
martes, 10 de febrero de 2009
La revolución de las madres
Aquí tenemos un trocito para ir abriendo boca:
Hacemos la revolución cada mañana cuando despertamos sudando envueltas en el cuerpo del niño pequeño. Cuando la divinidad femenina se hace presente a través del alimento que ofrecemos. Cuando organizamos los rituales familiares de comida, baño, limpieza, orden, palabras, explicaciones, verdades nombradas, diálogos abiertos, comprensiones compartidas y sueños soñados. Cuando somos anfitrionas de las celebraciones. Cuando cada día compartido y cada noche de descanso hacen parte de la nutrición afectiva. Cuando brindamos porque estamos vivos. Cuando el poder susurrante del agua nos adormece, y el poder hipnótico del fuego nos vitaliza.
Las madres hacemos la revolución cuando recuperamos nuestros rituales ancestrales, cuando defendemos los espacios íntimos, cuando hacemos silencio, cuando recordamos que somos la Tierra y que somos el Cosmos. Cambiamos el mundo cuando conservamos el valor sagrado que tienen los pequeños actos de intercambio humano.
La revolución de las madres acontece cuando nos dejamos fluir por la energía de las trece lunas de cada año. Cuando nutrimos, alimentamos, sanamos, atendemos, esperamos y estamos abiertas y receptivas para con los demás. No importa que hayamos tenido vidas difíciles. Cada día es una nueva oportunidad para mirar a un niño, y saber que está deseoso de alimentarse con nuestra sustancia materna. Tampoco importa si se trata de un hijo propio o un hijo ajeno, porque ellos siempre permanecerán receptivos a los cuidados amorosos. Todos los niños saben que existe un ámbito generoso y caliente latiendo en el corazón de cada madre, potencialmente útil y nutritivo para ellos.
Laura Gutman - Fragmento de "La revolución de las madres"
viernes, 6 de febrero de 2009
Guarderías de 0 a 3
Cada vez que oigo a algún@ politic@ pedir plazas de guardería de 0 a 3 años, se me atraganta el 0. Ya sé que se debe al deseo facilitar a la mujer el acceso al mercado de trabajo, pero no deja de ser un disparate desde el punto de vista del niño.
No podemos seguir haciendo como si un bebé pudiera aparcarse con el mismo desapego que un coche en un parking. En la naturaleza, es la inteligencia de la especie la que determina la duración, intensidad e importancia de la relación de dependencia que el bebé tiene con su madre. Sintiéndolo mucho por quien se sienta superior, no somos más que la especie mamífera más inteligente (¡!), lo que no hace más que poner de manifiesto la importancia de nuestra condición mamífera, y la necesidad de que el bebé experimente en toda su intensidad esa relación de dependencia. Es la profundidad de las raíces lo que permite al árbol crecer hacia el cielo.
La importancia de crecer los primeros meses en el seno del vínculo con la madre no es sólo una cuestión afectiva. Afecta al desarrollo de la inteligencia, a la salud, a la capacidad de crear vínculos posteriores y a un sinfín de factores que conforman una persona equilibrada. No existiría ahora tanto cursillo en las empresas sobre inteligencia emocional, si se permitiera que se desarrollara cuando le toca, en los primeros meses y años.
No hacen falta más guarderías de 0 a 3 años, sino un periodo de crianza en casa de mínimo un año (lo ideal sería hasta los 2-3 años) para quien lo desee. Ese es el tipo de apoyo del Estado que necesitan las familias, y esa es la tendencia en otros países europeos, después de comprobar que es más barato apoyar directamente el maternaje, que gastarse el presupuesto en sanidad, psiquiatras o policía. Deberíamos acostumbrarnos a considerar problemas como la violencia juvenil, el fracaso escolar y la desmotivación general de que se acusa a los jóvenes de una forma más global, tratando de comprender donde están las causas.
Isabel F. del Castillo
jueves, 29 de enero de 2009
Sobre la teta

Durante millones de años las mujeres hemos amamantado a nuestros hijos y eso ha garantizado la SUPERVIVENCIA DE LA ESPECIE. Solamente este hecho (dejando de lado las abrumadoras evidencias científicas de su superioridad frente al biberón) debería ser suficiente para que la sociedad y las instituciones normalizaran la lactancia y diesen todo tipo de facilidades y ayudas a las madres. Pero claro, la especie humana no nos caracterizamos por ser eso, precisamente muy humanos, y si no, nuestro mundo no estaría hoy como está a todos los niveles.
Durante millones de años las tetas de las mujeres han estado rebosantes de leche y el cómo funcionaba la lactancia se transmitía de generación en generación. Así, hasta que unos iluminados se les ocurrió cerrar el grifo y hacerse de oro con una burda imitación de nuestra leche y con los medicamentos para paliar las enfermedades que causa directamente o las que no previene.
A cambio de esto nos dieron ¿qué?, ¿alguien me lo puede explicar despacito?: Nos “liberaron” a las madres de la “dictadura” de la crianza de nuestros hijos para que participáramos en la fantástica economía patriarcal: miles de horas fuera de casa cobrando MENOS que los hombres (también en el 2009¡¡) y separadas de nuestros bebés.
Alguien tendrá que rendir cuentas alguna vez de porqué la liberación de la mujer-madre se hizo a costa de vender nuestra alma¡
Los estudios antropológicos han demostrado que la separación madre-bebé y la falta de contacto físico (nuestra civilización¡¡¡¡) crea individuos más agresivos y menos solidarios. Perfecto para perpetuar el estado de las cosas.
Las antiguas tetas llenas de leche han sido sustituidas por tetas VACÍAS de alimento (la silicona no vale¡). ¡Qué no nos engañen más¡. La lactancia materna es sobre todo una cuestión de PODER.
- El poder y la LIBERTAD de alimentar sin depender de nada ni de nadie.
- El poder del INSTINTO MATERNO y del vinculo piel con piel, y lo más peligroso y subversivo
- El poder del AMOR
Y precisamente para evitar todo este poder es por lo que la globalización económica ha extendido el genocidio de la lactancia a nivel mundial, tanto en países muy o poco desarrollados.
Nos venden la mentira de que nuestra biología es un drama (embarazo, parto, lactancia y crianza) y que es mejor evitarlo-medicalizarlo-externalizarlo. Pero con eso (partos intervenidos, biberones, bebés aparcados largas horas sin su madre) han negado nuestra esencia y nos han realizado una MUTILACIÓN ANTI-NATURAL.
Afortunadamente, la cadena de la transmisión de la lactancia nunca se rompió del todo y los GRUPOS DE APOYO son actualmente el eslabón perdido y la clave en el resurgir de la verdadera maternidad de la nueva era.
Las MADRES PRIMERIZAS y “modernas” somos carne de cañón:
- de todo el adoctrinamiento de la crianza oficial,
- de todos los falsos expertos en crianza (Estivill y cía) y de la crueldad de sus métodos, y sobre todo
- de los malditos opinólogos profesionales que nos amargan la vida diciendo que no tenemos suficiente leche, que el bebé no gana 240,57 gr de peso, que no duerme 45 h seguidas, que no ha hecho 3,5 cacas marrón-caoba al día, etc.
Por eso tenemos derecho a que NOS AYUDEN otras madres, a escuchar palabras amables de mujeres con experiencia, a que intenten resucitar algo de nuestro instinto atrofiado, a que nos recuerden que nuestros bebés son seres maravillosos y no tiranos, y que debemos respetarles y atender su llanto y sus necesidades. Tenemos derecho a que nos enseñen a amamantar y a profundizar en el verdadero significado de la maternidad.
Muchas madres destetan pronto porque la lactancia se convierte en el CHIVO EXPIATORIO de las grandes dificultades que pasamos en la maternidad. Le echamos la culpa de todos nuestros males. Pero eso NO es verdad¡. A corto/medio plazo la lactancia TE FACILITA LA VIDA y es una herramienta de primer orden en la crianza: con la teta duermes y consuelas a tu hijo, con la teta superas las huelgas de hambre cuando están malitos, con la teta juegas con él, etc.
Nuestra sociedad es PERVERSA y contradictoria:
- muchos consideran indecente amamantar en público pero babean con las tetas del Interviú (y decenas de revistas porno a la vista de cualquiera) y el topless en la playa. Los hombres de Atapuerca actuales quieren reducir la teta a un atributo exclusivamente sexual (y sólo para ellos claro¡¡) pero es mucho más.
- oficialmente la lactancia es lo mejor, pero realmente nos preparan para el fracaso porque luego la mayoría de profesionales no están ni de lejos a la altura de la teoría y tenemos que buscarnos la vida en unos momentos de máxima fragilidad
- quieren que tengamos hijos para aumentar la natalidad (y la economía, no nos engañemos¡) y nos ofrecen guardería gratis a los 0 meses para NO CRIARLOS
- ¿cómo se come eso de lactancia exclusiva hasta los 6 meses (OMS) y a demanda si abandonas a tu hijo con 0 meses en la guarde para irte a trabajar? La teta no se da por ondas cuánticas sino piel con piel. Y si nos piden que me nos saquemos leche a lo 0 meses y nos ofrecen frigoríficos en la guarde para promover la lactancia: VOMITO¡¡¡
Mª del Mar Jiménez Redal. http://www.eldedoenlallaga.com/
martes, 27 de enero de 2009
¿Te suena? ¿Sueñas algo mejor para tu parto?
Tumbémoslas de espaldas en potros duros y estrechos.
Atémoslas a máquinas para que no puedan moverse.
Obliguémoslas a estar calladas y no molestar con sus dolores.
Expongamos sus partes más íntimas y amenacémoslas con el frío acero.
Hagámoslas empujar a sus bebés contra la gravedad de la tierra...
en estas condiciones el parto se hace rápidamente insoportable y el alivio del dolor es la única esperanza de la mujer....
Este no es el grito de una mujer de parto trayendo un bebé al mundo, aunque si sólo conoces el nacimiento en un ambiente medicalizado puede ser que lo creas así.
Esto es el aullido de súplica de un animal preso dolorido."
Tricia Anderson, matrona
Crianza
Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.
Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí determina el cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal envergadura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.
A pesar de otro tipo de factores como genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cuidado que dispensa a sus niños y a las personas de quien depende, su familia. Y nos encontramos entonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: violentos o pacíficos.
La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación temprana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el respeto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el número de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llanto,… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.
Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y continúo con sus hijos.
La antropología ha constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocrinología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.Teniendo en cuanta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias modelan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predominio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto físico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas cerebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo.
Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendizaje de la impotencia, desesperanza, sumisión, … pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determinadas circunstancias pueden ser revertidos.
Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el apego sólo funcionan con tribus remotas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.
Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y explica el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.
¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múltiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la naturaleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de una persona.
Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulnerables, siempre necesitados y anhelantes de algo más, desorientados, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devoradora.
Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan cegar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:
1. Acuso a la industria farmacéutica de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticoncepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.
2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cerebrales. Este es uno de lo problemas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se desconectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.
3. Acuso al negocio de la fecundación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.
4. Acuso a la industria de la alimentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suministrada en plástico, y por manos frías, muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo económico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.
5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haberlo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de haber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.
6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejuicios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de potenciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus criterios a las recomendaciones de la OMS.
7. Acuso a los neurólogos y psiquiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica
8. Acuso a los psicólogos de medrar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto materno que quedaba (sobreprotección, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una falsa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).
9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/Ferber/Valman/Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de socio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos personajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.
10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa liberación que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sistema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, depredación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a nosotras y abandonar a las criaturas.
11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de mujeres descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.
12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obsoletos que no responden a las verdaderas necesidades de aprendizaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la sumisión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento independiente y creativos que permiten encontrar el propio camino en la vida .
13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber excluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la maternidad y crianza considerándolo una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproductora ni como cuidadora).
14. Acuso al estado de Bienestar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien decorados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasado del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 bebés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes, y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad.
15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su corazón ni su instinto, de haber sacrificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la maternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que delegan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibilizándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas (que en el fondo les ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real), y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.
Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plenamente los instintos y necesidades de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.
Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, comadronas, psicólogos, revistas, colegios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.
Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efecto del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.
Y por ello, ha llegado la hora de dejar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa personal, y de trasmitir que es la única salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.
Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad consciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras transformaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.
La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el actual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frustración, o en un mundo de oxitocina, amor, fusiones emocionales y bienestar.La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en España) a más del 2% que es el nivel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aislamiento y soledad de tantas familias en nuestra sociedad, etc.
Pero las que verdaderamente debemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos nosotras: las propias mujeres.
La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su embarazo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su capacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por desapegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comulgan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e injusticias.
La lactancia es el acto más subversivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y felices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactancia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energética de amor. Por ello, hay que defenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.
Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el Sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.
Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia.
Asociación Criar con el Corazón
lunes, 26 de enero de 2009
Sobre la presencia del padre en el parto
En cuanto a lo que siento, por mi experiencia, a parto más respetado, más salvaje, más mamífero, a más confianza en la naturaleza de nuestro cuerpo de mujer menos necesidad he tenido de tener al hombre cerca. Para mi es así de contundente.
En cuanto al vínculo del bebe con el papa, creo que no es el momento del nacimiento el momento de forjarlo. Ni tampoco creo que la forma tenga que ser la presencia. Según laura Gutman, papá sostiene a mamá y mamá sostiene a bebé. Papá y bebé se relacionan a través de mama. Siento que es así.
domingo, 25 de enero de 2009
Sabiduría a través de los hijos
De todo esto, (pero, claro, sólo en pequeños aperitivos) trata este artículo. Cualquier persona, sea cual sea su cultura, edad o creencia, desea mejorar y para ello se mete en mil y un vericuetos, se hace preguntas “innecesarias”, inventa artilugios que pueden darle muchos problemas o satisfacciones, etc., etc. Así el ser humano ha ideado mil y un métodos y estudios: la filosofía, la meditación, las diferentes religiones, etc., para conocerse a sí mismo, para desarrollarse y crecer como persona.
La vida en pareja y la crianza de los hijos, inexplicablemente, no entran dentro de esta categoría de realización personal, es como si por su naturaleza consideráramos que no pueden llegar a la profundidad y serenidad que se conseguiría con una práctica meditativa. Tengo la impresión, sin embargo, que con una mirada más amplia nos descubre todo lo opuesto: la pareja y los hijos es la vía que la vida nos brinda para crecer, morir y renacer, adquirir paciencia, dejar nuestro ego en segundo lugar, entregarnos a algo que no termina en nosotros, saber observar y percibir, etc. etc. En definitiva creo que es el camino natural para adquirir sabiduría. No una sabiduría sólo para elegidos, sino este saber que dignifica y profundiza la mirada mediante lo cotidiano. Lo que sigue, pues, son unas letras para valorar estas labores tan cotidianas e importantes.
He aquí lo mejor de todo. Quizás, querido lector o lectora, al leer el encabezamiento de este párrafo te hayas dicho: que pretencioso afirmar que nos va a descubrir lo mejor de todo. Sin embargo, como verás más adelante no exagero, y lo más probable es que al final concuerdes conmigo. Veamos.
Del mismo modo que la luz contiene oscuridad también cualquier problema contiene la solución. Para encontrarla es necesario mirar la realidad de otro modo y ver así lo que el problema no nos deja ver pero que existe. A esta mirada amplia la llamo matriz, pues es generadora de “soluciones” para cualquier problema, y no exagero al decirlo, pero antes de continuar por aquí, veamos lo mejor de todo según Haruchika Noguchi: Aun con los mejores tratamientos y la máxima técnica, uno muere.
¿Qué pasaría si no los aplicáramos? Ya se sabe que, tomados en exceso, los mejores alimentos dañan el vientre. De no habernos acostumbrado a elegir el mejor y máximo tratamiento, hubiéramos descubierto, quizás, lo mejor de todo. Se llama “lo adecuado”.
Quien se ha interesado por cuidar su salud o la de sus hijos, por conocerse a sí mismo, etc., busca, estudia y quizás acumula mil y una teorías y conocimientos, pero también lo más normal es que ante tal maraña de verdades al final se encuentre perdido y a la vez lleno de indicaciones y recetas sobre lo que tiene o no tiene que hacer. Todas las recetas, de hecho, son verdad, el problema reside en que como la vida siempre está en movimiento, lo que ayer fue una solución puede que hoy no sirva, ya que aunque el diagnóstico sea el mismo, el momento es diferente y la persona que lo vive, también.
Aquí habría que especificar que “lo mejor de todo” es decir “lo adecuado” no siempre es lo que anhelamos, queda pues así relegado a un segundo término nuestras expectativas y anhelos, para la vida nuestros deseos no siempre son los que han de cumplirse. Sin embargo sí es cierto que al seguir “lo adecuado” junto con el dolor y la frustración que acompaña no ver cumplidos nuestros deseos, también sentimos fortaleza y tranquilidad.
Aquí llegamos pues a un punto interesante: descubrir lo mejor de todo requiere varias condiciones, una de ellas es apertura. En relación a ésta me viene una hermosa imagen que me dijo hace ya 22 años, Gia Fu Feng un maestro taoísta que conocí en las montañas de Colorado y que al parecer la pronunció Krishnamurti, las recuerdo en inglés que traduciré lo mejor posible: You have to be open. Open like a lonely tree in an empty field. Tienes que estar abierto. Abierto como un árbol solitario en un campo vacío.
Lo normal es que cuando creemos fervientemente en algo, estemos un poco ciegos, y acabemos, con toda la buena intención del mundo, pretendiendo encerrar la vida dentro de esta creencia, así por ejemplo si nos interesa el zen, o el Seitai, o tal o cual psicoterapia, religión, maestro, etc., solemos ver el mundo a través de esas “gafas”, pero en estas condiciones lo más probable es que la solución pase delante de nosotros y no la veamos. ¿Cuántos padres y madres o educadores hemos sermoneado a los niños con “verdades” sobre la alimentación, por ejemplo, que, al estar empaquetadas, acaban constriñendo el arco iris de la vida en un solo color, estrechando así la sensibilidad del niño, que termina con la cabeza llena de ideas pero alejado de su verdadera sensibilidad, aquella que, de hecho, le ha cuidado hasta salir al mundo. Así, el niño o niña, confundido entra tanta certeza enlatada, ya no sabe si realmente tiene hambre, de qué, y cuánto desea comer. Igualmente pierde la sensibilidad para percibir que la vida siempre se está moviendo, pero esto Nasrudín lo cuenta mejor que yo, veamos.
En cierta ocasión un Rey le preguntó a Nasrudín qué edad tenía. Nasrudín contestó que 40 años. Ante esta respuesta el Rey le reprochó que hacía bastantes años había dicho lo mismo, a lo cual Nasrudín contestó que él era consecuente y siempre mantenía su palabra.
Ahora bien de la apertura que estoy hablando no ha de deducirse que falta de criterio, todo lo contrario, significa que es necesario abrirse y exponerse y a la vida para que nos muestre lo mejor de todo “lo adecuado”, y esto quiere decir que es necesario estar alerta a no buscar la solución más cómoda, la que previamente deseo, a la que me cuesta menos o más esfuerzo, la que dice tal experto o maestro, etc.
Llegado a este punto podemos nombrar otra condición esencial para descubrir lo adecuado: la humildad. Humildad quiere decir que aceptamos que la vida es más grande que nosotros. Así, no es necesario recibir mil y una frustraciones para comprender que no siempre la mejor solución pasa por lo que nosotros esperamos o nos gustaría. De este modo al aceptar la solución que aparece reconocemos que nuestro anhelo no siempre ha de ser tenido en cuenta y que, en muchas ocasiones, hemos de dejarlo de lado por un deseo más profundo y real.
Noguchi nos invita a ello con esta reflexión:
No es que vivamos.
Se nos deja vivir.
Y quien cree en esa vida
se mueve como el soplo del viento
y vive como el fluir del agua.
Sosegado, no aguarda, cavilando y temeroso,
lo que le depara el porvenir.
Que la vida nos ha engendrado y no nosotros a ella, es tan evidente, que resulta extraño que lo olvidemos con tanta frecuencia. La humildad pues, de la que hablo, no es ninguna concesión, es simplemente reconocer lo evidente y situarnos en el lugar que nos corresponde y por tanto que nos fortalece.
Con un ejemplo cotidiano, Hellinger, nos invita a dar un paso más en la dirección de cultivar la percepción de “lo adecuado”.
Un niño va al jardín, se maravilla de todo lo que crece, y escucha a un pájaro en los arbustos. En ese momento llega la madre diciendo: ¡Qué bonito! Ahora el niño, en vez de maravillarse y ser todo oídos, tiene que escuchar palabras, y la relación con aquello que es se sustituye por opiniones. La percepción inmediata queda perturbada por los comentarios. Las consecuencias son fatales.
La regla es bien simple: Si a uno se le ocurre algo, se mira a la persona y se examina: ¿Es un regalo si se lo digo? ¿Fortalece y nutre o estorba? Conforme a esto puedo actuar. Es decir, no hay ninguna regla fija, sino que cada uno tiene que actuar de manera responsable y de acuerdo a su percepción. ¿Cómo sé si mi intervención fortalece o debilita? ¿A qué he de prestar atención? ¿Cómo incrementar mi capacidad de percepción? Se abre pues aquí otra puerta interesante, dónde, como veis, la rutina, lo mortecino, tiene boca cancha para jugar, más bien es nuestra alma de explorador la que se ve invitada a saborear la vida que nos habita. Nuevamente Noguchi y Hellinger nos sugieren donde prestar atención.
En una autopsia jamás se ha encontrado la vida. H. Noguchi
El alma es aquello invisible que mantiene cohesionado nuestros órganos. Bert Hellinger
Noguchi y Hellinger, hablan de una Vida y un Alma que están vivas, es decir, que sus acciones o movimientos no son aleatorios sino que, conocedora de los verdaderos deseos del ser al que “animan” siempre se dirigen en pos de una solución que permita cumplir con su existencia. De este modo nos descubren que el cuerpo vive no porque tiene órganos, sistema nervioso, vasos sanguíneos o cerebro, sino porque existe algo anterior que ha creado ese cuerpo. De hecho un cadáver tiene lo mismo que un ser vivo, sin embargo hay algo que ha dejado de “animarle”.
Así aparece otro dato importante: se trata de percibir, observar, ver, lo que no se ve. Como esto de ver lo que no se ve parece contradictorio, Noguchi nos aporta un dato más: se trata de percibir la forma de lo que no tiene forma. Es decir el alma o vitalidad que nos sostiene (lo que no tiene forma) se hace visible mediante los movimientos involuntarios de nuestro cuerpo: pequeños gestos, contracciones o relajamiento, brillo y calidad de la mirada, etc., etc., que al exponernos a ellos con una actitud abierta y humilde, sin prejuzgar lo que ha de ser, nos muestran qué es “lo adecuado” en ese momento.
Bien, hasta aquí unas semillas para cultivar. Desde luego quedan matices y otras observaciones por explorar, pero ya tenemos lo necesario para conseguir frutos. Permitidme, sin embargo, que termine hablando de un ingrediente importantísimo, sin el cual todas estas semillas podrían marchitarse, Hellinger llama a este ingrediente: Valentía. Valentía, dice, para adentrarse en la penumbra y aprender a ver en ella. Parece que la vida muestra sus claves sólo para quien no teme a la sombra pues allí reside la solución, lo cual es comprensible pues si todo fuera luminoso, no existirían, claro está, esto que llamamos problemas.
Recuerdo ahora una historia de Nasrudin que viene como anillo al dedo.
Se encontraba Nasrudin en plena noche buscando afanosamente algo bajo una farola encendida.
En esto un amigo que pasaba por allí se le acercó y le preguntó:
- ¿Qué haces Nasrudin? ¿Puedo ayudarte?
- Se me ha perdido la llave de mi casa y estoy buscándola.
- ¿Y dónde se te ha perdido?
- Allí, más allá, dijo Nasrudin señalando un lugar oscuro y alejado de donde estaba.
- Entonces ¿por qué la buscas aquí?
- Porque aquí hay más luz
En fin, por hoy ya hemos llegado a puerto, termino pues estas letras, quedan, como siempre, muchas otras cosas por decir: la plasmación de todo esto en la observación y el cuidado de la enfermedad, el cultivar la capacidad de respuesta involuntaria de nuestro organismo, la influencia del estado familiar en nuestra salud y la de nuestros hijos, etc. En fin quizás haya otra ocasión para seguir indagando. Gracias por vuestro tiempo.
TEXTOS: El Cuidado del Alma Infantil
El nacimiento / parto de Neith

Neith es mi cuarta hija, fruto del amor, la pasión y, por qué no, la alteración de conciencia que viví con Xian hace ahora un año.
Mis otros tres hijos, Alvaro, Lucía y Yeray de 8, 6 y 2 años y medio, respectivamente, nacieron en mi primer matrimonio.
Los mayores nacieron en el hospital de partos vaginales. El de Alvaro el más medicalizado y en el que más se intervino, además de todo el protocolo de rutina, se hicieron las maniobras de Kristeller y se usó la ventosa. Fue el más largo y doloroso tanto para él como par mi. El de Lucía, aunque menos instrumentalizado, también medicalizado (oxitocina, profilaxis, monitoreo,...) Yeray ya tuvo un parto natural en casa, fue bonito y respetado. Fue una fiesta rodeada de amigas y algún que otro rey mago. Lo que me llevo de él fue la conexión-fusión que mantuvimos tras su nacimiento. La hembra con su cría... olores a útero, a leche, lametones, fluidos, piel, desnudez, cueva, intimidad...todo un estado de éxtasis y enajenación que duró unos veinte días ¡maravilloso!
Bajo la impresionante salida de la luna llena de julio de 2007, sobre la colina, Xian me miró a los ojos y me dijo: “estás embarazada”. Lo supo cuando aún no había tenido ninguna falta. Algo en mí le debió creer o lo supo porque me enfadé enormemente por todo lo que ello significaba. Que aunque lo queríamos también acojonaba. Seguro que muchas mamás saben de esta contradicción. Esa noche desnudé mi tripa bajo ese cielo iluminado para que Neith se llevara su primer baño de luna llena.
El embarazo de Neith no fue de los más tranquilos. Físicamente fue como los demás, los vómitos del principio y el ahogo y dolor de espalda del final. Pero emocionalmente fue bastante duro por las circunstancias personales y familiares que me rodeaban.
Cumplía el 14 de marzo de 2008, o esa es la fecha que me dieron en las continuas revisiones, que una no sabe muy bien para que sirve si no es para ponerse de los nervios e impaciente por cada día que “te pasas” de la fecha. Sin contar que siempre se tiene una exraña sensación de que éste se adelantará a la fecha aunque ningún hijo se haya adelantado, (bueno Yeray si se adelantó pero por circunstancias que no narraré aquí).
Quiero recordar aquí que varios años antes, ya había tenido la visión de que tendría esta niña. Fue en un estado acrecentado de conciencia, donde éxtasis y visión se dieron juntas.
Neith nació a la 41 semanas y un día, el 22 de marzo, sábado santo, luna llena, a las 3’35 h de la madrugada. Así que es una guerrera Aries con ascendente Capricornio y luna en Libra.
La historia de su nacimiento comenzó, pues, el viernes 21. Seis y media de la mañana y un líquido bastante abundante me moja, chorreando braguitas, pijama y sábanas. ¡Ha roto la bolsa! Me digo y le digo a Xian. Contenta, emocionada por una mezcla de sensaciones, nos abrazamos y lloro ¡por fin una señal de que todo se desencadenará muy pronto!. Y así, a oscuras, permanecemos cogidos de la mano, a oscuras en la cama mientras se sucedía el amanecer del día 22, sin dolor pero con la expectativa de que ver a nuestra hija está muy cerca.
Al ratito se me ocurre mirar el líquido no vaya a ser oscuro. Efectivamente, no es oscuro pero es sangre. No es líquido de la bolsa, ni el tapón mucoso, demasiada sangre. Me extraña bastante, nunca antes me había pasado y aunque no me preocupo demasiado, sí me invade algún pensamiento de que quizás terminemos ingresadas en el hospital. Xian llama a Blanca, la matrona que atenderá el parto en casa, y le cuenta. Ella nos tranquiliza y nos dice que probablemente sea el trabajo del útero y que se pasará a vernos.
La mañana transcurre sin dolores, con alguna contracción pero nada dolorosas ni diferentes a las que llevo teniendo desde hace ya un par de meses.
Blanca nos propone que pasemos un día tranquilo así que pedimos a Nica que se lleve a los niños. ¡Vivió la experiencia de tener cuatro hijos!
El día transcurre en paz, a menudo Xian y yo nos miramos cómplices de lo que está por pasar, suena música tranquila y vamos ultimando los detalles, terminando el nido. Las frases de poder están en el rincón donde pretendemos tener a nuestra hija. El altar está preparado e invocamos a Tueris, la diosa egipcia protectora de los partos. Hay meditaciones por los pasillos de la casa para que todo el que llegue nos pueda acompañar con su energía. La música que me acompañará en el trance está preparada, también la primera música que escuchará Neith fuera de mi vientre: The Fosse de , las velas, el incienso, la piscina de agua tibia...
No hay dolores, sí contracciones aunque no son rítmicas. Nos hacemos una siesta tranquila, abrazados. Yo pienso en los niños, mucho tiempo fuera y esto no se desencadena, los echo de menos. Visualizo lo que quiero que me pase igual que lo hice a lo largo de los nueve meses. Salimos a pasear y hacemos alguna meditación, también como en otras ocasiones, del bonito libro “Kundalini Yoga en el embarazo”. Había estado leyendo mucho sobre el parto e historias preciosas sobre nacimiento salvaje y natural. Yo quería algo así para mi hija y para mi.
Y al caer la tarde/noche, Mónica trae a los niños, me alegro mucho de tenerlos en casa, ellos lo han pasado muy bien y se ve que Neith está esperando a nacer cuando estuviesen sus hermanos aquí. “Así que, hija, le digo, ya estamos todos, cuando quieras”.
Un ratito después, sobre las diez de la noche, llegó mi hermana con un amigo suyo. Aunque no lo tenían muy claro les pedí que se quedaran a dormir, si todo se desencadenaba esa noche me harían falta con los niños. Así que preparamos la torre para ellos y acostamos a los peques. Nica también decidió quedarse.
Llamamos a Blanca para contarle que las contracciones eran muchas, semi dolorosas, nada que no pudiera aguantar con sonrisas incluidas y nada rítmicas. Ella llegó sobre las 11’15 de la noche. Los niños ya dormidos. Mi hermana y su amigo en la torre y nosotros, Mónica, Blanca, Xian y yo en el salón, a media luz, esperando.
Recuerdo que Blanca leía un libro para ella sobre parto, en inglés, estaba embarazada. Y nica nos propuso leernos trozos de un libro de Lao Tse. Recuerdo el texto espeso, árido, no entendía nada y en ese ambiente solemne me moría interiormente de la risa ¡qué estamos haciendo! Les propuse sacar unas cartas del tarot para ver lo que le iba a acontecer a cada uno de nosotros esa noche. Me sentía divertida, tenía ganas de reír y, según Blanca, así el parto podía ir para largo. Así que dijo que se iba. Dio a Xian algunas recomendaciones y se fue. Eran las 12’15.
Xian envió a Nica a descansar, a la que también habíamos preparado una cama y a mi me envió al salón, a oscuras, bueno, a la luz de una vela. Refunfuñé un poco, ¿Por qué no podía parir entre risas? Me dejó sola porque el pequeño de mis hijos había empezado a llorar y se fue a tranquilizarlo. Recuerdo que antes de que bajara yo ya estaba a cuatro patas entre cojines ¡no me lo podía creer! En cinco minutos de recogimiento, cueva y soledad, las contracciones se volvieron potentes, muy potentes e intensas. Ya no había marcha atrás, sentí que el viaje había comenzado.
Mi cuerpo se balanceaba en las contracciones, empecé a gemir, ¡era duro! Mi hija también las sentía y se movía fieramente con cada una de ellas. Este baile era para las dos.
Xian volvió a llamar a Blanca sobre la 1’15, cuando ya no le quedó duda de que aquello ya iba en serio. De esa llamada yo ya no me di cuenta, ni de cuando vino, ni de cuando entró Mónica con la intención de grabar el viaje, cosa que no pudo darse debido a la poca luz.
Estaba ida pero me daba cuenta de que mis gritos estaban contenidos ¿porqué los retienes? –me dije-. Sabía , no de saber, sino de sentir, que mi garganta tenía conexión directa con mi cuello uterino y con mi vagina. Me di cuenta de que tenía miedo a la intensidad que me esperaba. ¡Que nada te turbe! –me dije. ¡grrriiiitttaaaaaaaa! Y así lo hice. Las siguientes contracciones fueron enormes, al igual que el grito animal que salía directamente desde el vientre, desde las entrañas, abriéndome en canal.
Empecé a llorar, era un llanto catártico, vi a mi madre pariéndome a mi y a mis hermanos... me empaticé con ella, le di las gracias por su esfuerzo, por su entrega, por regalarme la vida. Viajé por mis tres partos anteriores y lloraba como una niña pequeña, y pedía perdón. Perdón a Álvaro por no haberle sabido parir, por no haber exigido estar con él tras su nacimiento, por haberlo dejado solo, y porque a pesar de que han pasado 8 años y medio, aún se siente solo. Y sentí con aquellas contracciones que también era su parto y que ahora sí sabía hacerlo. Gritaba y lloraba enormemente todo mi sentimiento de culpa y pedí perdón a Lucía por no haberla mimado todo lo que merecía, por haberla metido en una guardería con cuatro meses hasta hoy que tiene seis años y medio, por haberla relegado siempre a un segundo plano para que su hermano no tuviera celos, por esa dermatitis expresión de la falta de abrazos, caricias y contención. Pedí perdón a Yeray por desaprovechar esa conexión que tuvimos tras su nacimiento y dedicarme al mundo en lugar de seguir oliéndole, cogiéndole, lamiéndole... dando lugar a que él decidiera no mamarme. Le pedí perdón por separarlo tan pronto de su padre. Lloraba y les pedía perdón a los tres mientras sentía que los paría a los cuatro.
Allí, en aquel momento, sanaba tres partos y sus vínculos y se producía el cuarto milagro con tanta intensidad que comencé a pedir a mi hija que me dejara descansar entre contracción y contracción. Pero Neith no me daba tregua y de pronto, en una contracción sentí que estaba a las puertas, nunca lo había sentido tan claro. Otras veces me lo habían dicho ¡venga, que ya está ahí!, pero en esta ocasión estaba sola y sola lo sentí. ¡por Dios, -me dije- que aún tengo las bragas puestas! Y grité que me las quitaran que ya estaba ahí. Ni un tacto, ni un escuchar el latido, ni una palabra... Mi matrona, Blanca, confió tanto como yo en que aquello era un milagro y que se daba solo.
Me quitaron las bragas, supongo que entre ella y Xian, y antes de la siguiente contracción Blanca abrió su boca para decirme si quería pasar a la piscina. ¿La piscina? ¡Entonces aún me queda –pensé yo- pero la siento ahí!
Fui a ponerme de pie y llegó LA CONTRACCIÓN y con ella la niña. Un pie en el suelo, otro en el sofá cama, los brazos al cuello de Xian , (siempre colocado donde yo lo necesitaba, sin palabras, sin miradas, la verdad, no sé como lo hizo) y un enorme grito de ¡AHÍ ESTÁ!. Neith salió de golpe junto con su bolsa amniótica que se rompió entre mis muslos produciendo un placer exquisito el baño de aguas limpias y calientes chorreando entre mis piernas. A la pequeña la salvó del suelo Blanca, que sabía lo que iba a ocurrir. Por ello estuvo las dos horas que duró el parto arrodillada a mis pies, haciéndome sentir grande y poderosa. Cogí a mi niñita de sus manos y me ayudaron a sentarme. Tal fuerza había cogido mis piernas que no conseguía doblarlas para sentarme ¡era increíble! Mi bebé, mi bebé, mi niñita, caliente, mojada, entre mis brazos, su cordón entre mis piernas... y enseguida vi, cual cachorro hambriento, como se agarraba a mi pecho derecho. ¡Cómo chupaba! Le di las gracias por no haberme hecho caso cada vez que le pedía una tregua, le di las gracias por empujar con tanta fuerza como lo hacía mi útero.
El milagro estaba allí, con 4 kilos 300 gramos, devorándome.
Cuando terminé de alumbrar una placenta enorme, que casi me pareció otro parto, y me cosieron un pequeño desgarro, bajaron mis otros pequeños a conocer a su hermana y a ver a su mamá con caritas de entender lo que estaba pasando y de querer quedarse a dormir con nosotras. Era una fiesta, era sagrado.
Me recosté con mi bebé que no se soltó de mi pecho en 24 horas. Embriagada por su olor a cachorro recién nacido, embriagada por su olor a mi misma, a mis entrañas, a mi útero, a mi sangre... nos quedamos dormidas.
Cierta parte del viaje concluía pero empezaba otro mucho más largo ¡ojalá sepa apreciar lo que vale a cada instante!
Agradezco a Xian su amor, su entrega, que estuviera tan pendiente de que las condiciones fueran optimas para que se diera el parto/nacimiento que se dio. Y le agradezco ahora que Neith tiene 10 meses que me haya ayudado tanto con la lactancia. Aunque a veces haya sido muy duro tanto para él como para mi, ahora Neith sigue tomando leche materna de manera exclusiva. Era una asignatura pendiente que ahora siento superada, de lo que me siento orgullosa y lo que le debo a él, por sus cuidados, su sostén, su insistencia, y por que no, su testarudez.
GRACIAS AL MILAGRO DE LA VIDA QUE UNA VEZ MÁS SE SUCEDIÓ EN MI
Nota: Si quieres que cuelgue tu historia de parto no dudes en enviarmela a dara_munay@hotmail.com
martes, 20 de enero de 2009
Talleres de preparación al parto

El parto es el mayor reto físico y emocional con que se va a encontrar una mujer a lo largo de su vida. El trabajo que va a soportar tu útero en el momento del nacimiento de tu bebé no tiene comparación alguna con el trabajo que realizan los músculos de cualquier atleta, el que realizará tu útero es muchísimo más intenso.
Por otro lado, no hay momento en la vida de una mujer que deje el alma tan expuesta, tan al descubierto como en el del nacimiento de su hijo. Nada volverá a ser igual después. ¿no te vas a preparar?
Te propongo que prepares tu cuerpo y tu espíritu para recibir a tu bebé de la forma más placentera y amorosa.
Disfruta, para ello, durante nueve sábados intensivos del encuentro con otras mamás como tu.
El yoga, la danza, las charlas y otras dinámicas de preparación psicológica te ayudarán a la hora de parir a tu bebé.
Los talleres serán prácticos, amenos y divertidos. Desterraremos ese halo de seriedad y miedo que parece que envuelve al parto. El nacimiento de tu hijo/a es un momento de poder, sagrado, dichoso y feliz, en el embarazo nos preparamos para recibirlo de la mejor manera.
Taller I. Recobra tu linaje femenino, el poder de tus ancestros. Sana viejas heridas. Recuerda tu nacimiento.
Taller II. Honra tu condición de mujer. El embarazo como momento sagrado. Supera el miedo. El abismo emocional.
Taller III. Reencuentra tu mujer salvaje, sabia y mamífera. Desarrollo sensorial del feto. Influencia de tus pensamientos e imágenes en tu bebé por nacer. Tu bebé y el derecho a la verdad.
Taller IV. En tu útero escribes el futuro de tu hijo. Afirmaciones para el embarazo. La función de la alegría en el embarazo. Abre tu corazón.
Taller V. ¿Cómo paren las mamíferas? El parto como acontecimiento sexual. El parto según un bebé. Redefine tu idea del dolor.
Taller VI. Parto medicalizado/parto respetado. Protocolos innecesarios y perjudiciales. Mejora tu respitación. Erradica la duda.
Taller VII. Los planes de parto. Diferentes posiciones para un parto/nacimiento sin violencia. La doula. Afirmaciones para el embarazo. Confía y suéltate.
Taller VIII. La hora siguiente al nacimiento. Dar la bienvenida a la vida. La conexión con el instinto. Amamantar: una forma de amar. Depresión postparto.
Taller IX. La maternidad como crisis vital: el puerperio. Conecta con el bebé. A la espera del parto. El concepto del continuum. La pérdida de contención. Afirmaciones para el parto.
Ofrecidos por: Mª José Mochón. Psicóloga, especialista en maternidad. José Miguel Gisbert. Profesor de Yoga.
Crecer con los hijos
Una de las tareas mas apasionantes de esta vida es la crianza y formación de nuestros hijos e hijas. Son nuestro legado. Personifican en toda su amplitud “la posibilidad de”, mientras que nosotros como adultos que somos, queramos o no reconocerlo, representamos como mucho la media posibilidad. Ellos están de subida y nosotros de bajada. El futuro con todo lo que esto lleva implícito, es de los niños y niñas.
lunes, 19 de enero de 2009
Amamantar mas de un año
http://www.llli.org/Lang/Espanol/NBJulAug90.html
(Nursing Beyond One Year)
Sally KneidelNew Beginnings, Vol. 6, No. 4, julio-agosto 1990, págs. 99-103
Oí por casualidad una conversación en la biblioteca el otro día entre dos madres con niños pequeños. Una preguntó: "¿Sigues amamantando a Ryan?". La otra respondió: "No, el pediatra me dijo que lo destetara a los doce meses y así lo hice. Casi se me parte el corazón".
Recordé haber recibido el mismo consejo de mi pediatra cuando mi primer hijo cumplió el año. Cuando le pregunté la razón de su consejo, me respondió: "Para que aprenda a ser independiente". Pude hacer caso omiso de este consejo porque mi mejor amiga todavía le daba el pecho a su niño de dos años, con ternura y afecto y aparentemente sin ningún efecto adverso. Aun así no todos tenemos un modelo alternativo cuando se nos aconseja que es hora de destetar. Me entristece ver a tantas madres abandonar la lactancia a causa de consejos arbitrarios antes de que ellas o sus bebés estén preparados.
¿Por qué tantos médicos recomiendan el destete al año? Hace poco una mujer escribió a la sección de preguntas y respuestas de una famosa revista para preguntar cuándo debía destetar a su hijo. La respuesta, de un pediatra, refleja un concepto erróneo. El doctor le contestó: "Quítele el pecho al año, ya que para entonces el niño podrá tomar leche de vaca". Sin embargo, se amamanta a los niños por más razones, no sólo por nutrición, y las madres tampoco ofrecen el pecho a sus bebés sólo por obligación, sino porque encuentran una satisfacción profunda en ello.
Para muchas madres la pregunta no es cuánto tiempo amamantar para la salud de su hijo, sino más bien si hay alguna edad en que amamantar pueda ser dañino de alguna forma. Si no la hay, ¿por qué no dejar que la madre decida esta cuestión? ¿Hay alguna prueba que recomiende el destete al año?
Lo que muestran los estudios
Los estudios demuestran que hay beneficios para los niños que maman más de un año. Uno de ellos es la nutrición. Las investigaciones confirman que la leche materna que se produce en el segundo año es muy similar a la del primer año (Victora 1984). Aun después de dos años o más, la leche materna continúa siendo una fuente valiosa de proteínas, grasas, calcio y vitaminas (Jelliffe y Jellfife 1978).
Un segundo beneficio es la inmunidad frente a las enfermedades. Conforme el niño crece, al mamar menos a menudo los agentes inmunizantes de la leche materna se concentran, así que los niños mayores siguen recibiendo estos agentes (Goldman et al. 1983). En Bangladesh se llevó a cabo un estudio que demuestra contundentemente el efecto de estos agentes. En este contexto de gran pobreza se demostró que los niños destetados entre los 18 y los 36 meses de edad doblaban su riesgo de muerte (Brien et al. 1983). Este efecto se atribuyó principalmente a los factores inmunizadores de la leche materna, aunque la nutrición también pudo tener un papel importante. Está claro que en los países desarrollados el destete no es una cuestión de vida o muerte, pero continuar la lactancia puede significar visitar menos al médico.
Un tercer beneficio es el de evitar las alergias. Hay mucha documentación que demuestra que, cuanto más tarde se introduzca la leche de vaca y otros agentes alérgenos en la dieta del niño, menor será la posibilidad de reacciones alérgicas (Savilahti 1987).
Consideraciones psicológicas
Las madres que han amamantado a niños mayores conocen la ternura y los lazos que se crean cuando se amamanta a un pequeño que tiene edad suficiente para hablar de ello. No hacen falta estudios médicos para saber que es una experiencia satisfactoria para madre e hijo. Pero ¿;hay documentación o publicaciones sobre estos beneficios?
Un artículo escrito por una psiquiatra (Waletzky 1979) recomienda el destete natural. Habla del destete forzado como algo emocionalmente traumático para el niño y concluye que la mayor parte de las recomendaciones médicas en cuanto al destete se basan "en prejuicios y sentimientos personales, no en documentación médica". En sus propias palabras: "Quitarle a un niño repentina y prematuramente la experiencia emocional más satisfactoria que haya conocido (...) conduce a una angustia significativa tanto inmediatamente como a largo plazo (...). Tal método considera la lactancia sólo como fuente de leche y no comprende su significado como medio de consuelo, placer y comunicación para la madre y el hijo". Muy bien dicho. No obstante, el artículo de Walezky se basa en la experiencia de su consulta psiquiátrica, no en investigaciones científicas.
Son escasos los trabajos científicos sobre los aspectos psicológicos de la lactancia. Un estudio dirigido específicamente a niños amamantados más de un año mostró la importante relación entre la duración de la lactancia y la opinión de madres y maestros a la hora de evaluar el ajuste social de niños entre seis y ocho años (Ferguson et al. 1987). En palabras de los investigadores: "Hay tendencias estadísticamente significativas que apuntan a que los desórdenes de conducta disminuyen con una mayor duración de la lactancia". Los autores se mostraron cautos en su interpretación de los resultados y adujeron que no habían controlado las diferencias de interacción madre/hijo entre los grupos de lactancia y los de alimentación artificial que explicaran las diferencias de ajuste social observadas posteriormente. Pero en realidad es irrelevante si el mejor comportamiento de un niño crecido se debió a la lactancia por sí sola o al comportamiento típico de madres !!dispuestas a amamantar a sus hijos durante un año o más. Lo importante es el resultado: los niños amamantados por más tiempo fueron los que demostraron un ajuste social más fuerte y sólido cuando lo evaluó su madre, no la maestra (aunque para ambos grupos la asociación fue significativa), de lo que se deduce que posiblemente las madres que amamantan más tiempo tienden a ver a sus hijos con una luz más positiva que las madres que no lo hacen.
Supongo que la mayoría de nosotras estamos de acuerdo en que la lactancia nos ayuda a responder a nuestros hijos de forma positiva. Nos ayuda a sentir más unión y cariño, lo cual puede ser de gran ayuda para hacer frente a las demandas irracionales y la agitación emocional del niño entre el año y los 36 meses. Al margen de lo tensa que esté cuando me siento a amamantar a mi hijo menor, invariablemente los dos acabamos sintiéndonos relajados y contentos.
Actitudes Culturales
¿Acaso los médicos basan sus consejos sobre el destete en resultados de investigaciones médicas? Aparentemente no, porque nada indica que amamantar más de un año tenga efectos negativos y existen bastantes pruebas de las ventajas de hacerlo. Entonces ¿en qué se basa el frecuente consejo de "destetar al año"?
Probablemente existen varios factores. Uno puede ser tan sólo la expectativa cultural y, como afirma la Dra. Waletzky, los "prejuicios personales". Los médicos están tan sometidos a las tendencias culturales como los demás. Y hoy en día los consejos que reciben los padres muestran una clara tendencia: el desarrollo precoz y la independencia temprana del niño, una tendencia que enfatiza el destete temprano. Lo irónico, en opinión de la Dra. Waletzky y de muchos otros, es que el destete temprano forzoso puede alterar el desarrollo emocional y aumentar la necesidad de dependencia.
Otra influencia en la actitud ante el destete puede residir en el ritmo acelerado de nuestra sociedad. La lactancia sin restricciones parece incompatible con el estilo de vida moderno. Muchos artículos sobre el destete dan por sentado implícitamente que las madres desean dejar de amamantar en cuanto pueden si ello no perjudica la nutrición de sus hijos.
Otro factor podría ser que los médicos, también como los demás, están influidos por prejuicios basados en la fascinación de nuestra cultura hacia los senos como un objeto de estimulación sexual. Al niño que tiene suficiente edad para hablar se le considera demasiado mayor para encontrar consuelo físico en el pecho de su madre.
Y un último factor sería sencillamente que en nuestra cultura no es habitual que la mujer amamante más de un año, por lo que la mayoría de la gente supone que la madre desea destetar al bebé al año.
CONCEPTOS MÉDICOS ERRÓNEOS
Algunos médicos opinan que la lactancia interfiere con el apetito del niño por otros alimentos. Sin embargo, no hay documentación que señale que los niños amamantados rechacen los alimentos complementarios con más frecuencia que los niños alimentados artificialmente. De hecho, la mayoría de las investigaciones realizadas en países del Tercer Mundo, donde el apetito de un niño desnutrido puede ser de importancia vital, recomiendan la continuación de la lactancia aun en casos de desnutrición grave (Briend et al. 1988; Rhode 1988; Shattock y Stephen 1975; Whitehead 1985). La mayoría sugiere ayudar al niño desnutrido complementando la dieta de la madre para aumentar la calidad nutritiva de su leche, no con el destete (Ahn y MacLean 1980; Jelliffe y Jelliffe 1978), y ofreciendo al niño una dieta más variada e interesante para mejorar su apetito (Rhode 1988; Underwood 1985).
Cómo Hablar con el Médico
Ya que quizá algunos médicos creen que para las madres la lactancia es una lata en vez de un placer, es especialmente importante que la madre informe al médico de que desea continuar amamantando. A menos que ella diga lo contrario, el médico puede suponer que las únicas razones de la madre son la nutrición del niño y su propia comodidad.
Expresar un punto de vista con seguridad es probablemente la mejor manera de influir en un médico de forma positiva. Por ejemplo, es posible decir: "Mi hija y yo estamos muy contentas con nuestra relación de lactancia. Parece tener ventajas para ella. Es una niña feliz y está creciendo muy bien". Comparemos estas frases con un estilo menos seguro: "No estoy segura de si debo destetar a mi hija. La lactancia no parece perjudicarle. ¿Será bueno continuar?" ¿Qué planteamiento recibirá una respuesta más positiva para prolongar la lactancia?
No todos los médicos recomiendan el destete al año. Los que sí lo hacen podrían aprender si las madres les comunican su entusiasmo por el destete natural. Muchas de nosotras nos quedamos calladas en la consulta del médico para evitar consejos de lactancia que no queremos oír, pero si habláramos más de lo mucho que disfrutamos la lactancia de nuestros hijos mayores, tal vez cambiarían algunas actitudes de la comunidad médica. Hace falta confianza y seguridad para expresar una opinión, pero, sabiendo que las investigaciones científicas apoyan el destete natural, tuve la certeza de que se trata de algo sano tanto médica como emocionalmente.
Traduccion por Pilar García-Romeu.