miércoles, 30 de marzo de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
Taller: El despertar de lo femenino
EL DESPERTAR DE LO FEMENINO
Taller para abrirnos y explorar nuestra verdadera
naturaleza femenina
Un taller pensado para entrar en relación contigo misma, con el poder de tu intuición y sabiduria…..Un taller para relajarse, explorarse y sanarse…..un taller para comenzar a sanar la herida de lo femenino y resurgir como mujeres mas plenas y conocedoras de su verdadera naturaleza.
PROGRAMA
- Kundalini Yoga y Relajación
-Tecnicas de movilización de energía femenina, para entrar en contacto con nuestro útero.
- Visualización creativa para conocer el Arquetipo femenino (modelo de mujer) propio y usarlo como instrumento de autoconocimiento.
- El ciclo femenino. Cómo confeccionar un diagrama menstrual para comprender y usar la sabiduria de los ciclos en tu vida diaria.
- El regalo de la Intuición femenina.
SABADO 9 ABRIL (10:00- 8:00)
PRECIO: 70 euros.
Lugar;Herbolario ECOSOMNIS (Pedreguer)
(habra charla informativa gratuita previamente)
Sofía Gutiérrez:
Terapeuta, Formada en Picología Humanista y Transpersonal.
Diplomada en Magisterio.
Melissa e investigadora de la antigua tradicion de la de la Diosa.
Comparte Circulos de Mujeres, Yoga, Talleres de arquetipos femeninos a distancia, consultas (tambien relacionadas con la maternidad embarazado y crianza), ponencias.
Si estas interesada en realizar este taller ponte en contacto a traves de:
laruedadeana@gmail.com
http://eldivinofemenino.blogspot.com/
Taller para abrirnos y explorar nuestra verdadera
naturaleza femenina
Un taller pensado para entrar en relación contigo misma, con el poder de tu intuición y sabiduria…..Un taller para relajarse, explorarse y sanarse…..un taller para comenzar a sanar la herida de lo femenino y resurgir como mujeres mas plenas y conocedoras de su verdadera naturaleza.
PROGRAMA
- Kundalini Yoga y Relajación
-Tecnicas de movilización de energía femenina, para entrar en contacto con nuestro útero.
- Visualización creativa para conocer el Arquetipo femenino (modelo de mujer) propio y usarlo como instrumento de autoconocimiento.
- El ciclo femenino. Cómo confeccionar un diagrama menstrual para comprender y usar la sabiduria de los ciclos en tu vida diaria.
- El regalo de la Intuición femenina.
SABADO 9 ABRIL (10:00- 8:00)
PRECIO: 70 euros.
Lugar;Herbolario ECOSOMNIS (Pedreguer)
(habra charla informativa gratuita previamente)
Sofía Gutiérrez:
Terapeuta, Formada en Picología Humanista y Transpersonal.
Diplomada en Magisterio.
Melissa e investigadora de la antigua tradicion de la de la Diosa.
Comparte Circulos de Mujeres, Yoga, Talleres de arquetipos femeninos a distancia, consultas (tambien relacionadas con la maternidad embarazado y crianza), ponencias.
Si estas interesada en realizar este taller ponte en contacto a traves de:
laruedadeana@gmail.com
http://eldivinofemenino.blogspot.com/
lunes, 21 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
El niño normal
Me parece una entrada buenísima y no he podido resistirme pegarla aquí.
El Niño Normal
Pesa 3,800 Kg. al nacer. Duerme siempre plácidamente, despertándose únicamente seis veces al día para tomar el pecho. Toma cinco minutos del derecho y cinco minutos del izquierdo, engordando exactamente 10 gramos el primer día, 20 el segundo día y así sucesivamente, hasta llegar a tomar exactamente 180 gramos de leche en cada una de sus comidas.
Sorbe vorazmente y sin interrupción e inmediatamente hace un pequeño eructo, durmiéndose felizmente a continuación. Nunca está ni enfermo, ni nervioso, ni es caprichoso y no ha tenido ni siquiera un granito. Crece exactamente 200 gramos por semana, cada semana, durante el primer año de vida. Pasa sin esfuerzo del pecho, al chupete, al biberón de manzanilla, según la voluntad de sus padres y del pediatra.
Hace regularmente (pero no demasiada) caca y pis en el pañal, nunca por la noche.
Duerme seis horas seguidas por la noche desde que nació.
Ríe cuando se le coge en brazos, pero no protesta ni llora cuando se le deja solo en su habitación. Se duerme solo en su cuna, sin llorar o revolverse, abrazando tiernamente a su osito de peluche (u otro “objeto transicional”, el cual habrá sido recomendado por el experto de turno).
En el coche, se deja abrochar alegremente a su sillita sin retorcerse y sin protestar, quedándose dormido casi de inmediato.
Al llegar el cuarto mes de forma espontánea reduce el número de tomas a cinco comidas al día. A los cinco meses pasa, sin ningún problema, del pecho a la papilla hecha con caldo de verduras y, luego, a la papilla a base de cereales abriendo la boca como un pajarito sentado tranquilamente en su trona. A los 7 meses se ha destetado completamente y está listo para ir a la guardería, en la cual se integrará sin sufrir ningún tipo de crisis.
¿Lo reconocen? Esta es la descripción del Niño Normal. Ese oscuro objeto del deseo con el cual cada madre y cada padre, conscientemente o no, comparan a su hijo, sin jamás encontrar equivalencia. Es el niño de los verbos condicionales: «debería ser así…». Un OGM (Organismo Genéticamente Modificado), el hijo de la Publicidad y de las estadísticas.
¿Alguna vez te has encontrado con él? Lo dudo, porque existe sólo en el imaginario colectivo. El Niño Normal es siempre el hijo de otros, jamás el propio. Los niños reales, comparándolo con él, salen forzosamente perdiendo. Siempre tienen unos gramos de más o algunos gramos de menos, quieren mamar mucho más y mucho más tiempo de lo que está establecido por los “expertos”, quieren estar despiertos para que los mimemos y juguemos con ellos en lugar de estar tranquilos en su cochecito mirando al techo, lloran en un modo totalmente incomprensible a pesar de haberlos sometido a todos los tratamientos que recomiendan las mejores revistas del mercado. No quieren dormirse solos en su cuna, ni esperar plácidamente a que el sueño retorne si se despiertan durante la noche. Escupen sin pudor las carísimas papillas con todo tipo de vitaminas y minerales, hacen la caca en el momento menos adecuado o se abstienen durante varios días sin dar ninguna explicación. Y, sobre todo, pretenden estar día y noche con su mamá, la cual no deja de preguntarse que cosa ha hecho mal para que su hijo no sea un Niño Normal.
Sí, porque detrás de cada niño “equivocado”(es decir, todos los niños reales) existe una madre igualmente “equivocada”. Así como el niño tiene que vérselas con el Niño Normal, cada madre tiene que hacer frente a la Madre Perfecta: esa que siempre tiene sus pechos repletos de leche, pero que, al mismo tiempo, pasadas un par de semanas del parto, luce un look de eterna adolescente, haciéndose cargo del bebé tan fácilmente como si bebiera un vaso de agua, y se “organiza” sin olvidar a su marido, la vida social y la vida laboral.
El cuerpo de la madre después del parto, este organismo misterioso, con sus hormonas completamente trastornadas, las pérdidas, la leche que gotea, los senos que cambian constante de volumen, los cambios de humor, el sueño interrumpido… es una imagen completamente diferente a la que nos enseña, una vez más, la publicidad o los libros y revistas para las madres. Ninguna madre nos podemos comparar con esa Madre Perfecta, al igual que no podemos equiparar a nuestros hijos con el modelo propuesto por los mass media.
Sin embargo, los millones de niños que nacen en todo el mundo, que viven y que crecen como seres auténticos, con sus infinitas necesidades, tan únicos, tan diferentes entre sí, son una bendición para sus padres. ¿Por qué entonces desear un Niño normal, un ser totalmente abstracto, cuando un niño real y genuino está frente a nosotros? Si existiese de verdad el Niño Normal, si de la noche a la mañana apareciera en nuestra casa, estoy segura de que su presencia sería inquietante.
Abracemos fuerte a nuestro hijo, que puede que no encaje con las definiciones, las normas, las tablas, los esquemas, los juicios de los “expertos”… Dejemos que sea él a enseñarnos lo que efectivamente necesita, que es aquello que le hace sentirse bien… y esperemos que siga creciendo “equivocadamente”, y que conserve, pasando los años, eso que de único, nuevo y diferente tiene que enseñar al mundo.
Fuente: http://bebeeconomico.wordpress.com/2011/02/09/el-nino-normal/
El Niño Normal
Pesa 3,800 Kg. al nacer. Duerme siempre plácidamente, despertándose únicamente seis veces al día para tomar el pecho. Toma cinco minutos del derecho y cinco minutos del izquierdo, engordando exactamente 10 gramos el primer día, 20 el segundo día y así sucesivamente, hasta llegar a tomar exactamente 180 gramos de leche en cada una de sus comidas.
Sorbe vorazmente y sin interrupción e inmediatamente hace un pequeño eructo, durmiéndose felizmente a continuación. Nunca está ni enfermo, ni nervioso, ni es caprichoso y no ha tenido ni siquiera un granito. Crece exactamente 200 gramos por semana, cada semana, durante el primer año de vida. Pasa sin esfuerzo del pecho, al chupete, al biberón de manzanilla, según la voluntad de sus padres y del pediatra.
Hace regularmente (pero no demasiada) caca y pis en el pañal, nunca por la noche.
Duerme seis horas seguidas por la noche desde que nació.
Ríe cuando se le coge en brazos, pero no protesta ni llora cuando se le deja solo en su habitación. Se duerme solo en su cuna, sin llorar o revolverse, abrazando tiernamente a su osito de peluche (u otro “objeto transicional”, el cual habrá sido recomendado por el experto de turno).
En el coche, se deja abrochar alegremente a su sillita sin retorcerse y sin protestar, quedándose dormido casi de inmediato.
Al llegar el cuarto mes de forma espontánea reduce el número de tomas a cinco comidas al día. A los cinco meses pasa, sin ningún problema, del pecho a la papilla hecha con caldo de verduras y, luego, a la papilla a base de cereales abriendo la boca como un pajarito sentado tranquilamente en su trona. A los 7 meses se ha destetado completamente y está listo para ir a la guardería, en la cual se integrará sin sufrir ningún tipo de crisis.
¿Lo reconocen? Esta es la descripción del Niño Normal. Ese oscuro objeto del deseo con el cual cada madre y cada padre, conscientemente o no, comparan a su hijo, sin jamás encontrar equivalencia. Es el niño de los verbos condicionales: «debería ser así…». Un OGM (Organismo Genéticamente Modificado), el hijo de la Publicidad y de las estadísticas.
¿Alguna vez te has encontrado con él? Lo dudo, porque existe sólo en el imaginario colectivo. El Niño Normal es siempre el hijo de otros, jamás el propio. Los niños reales, comparándolo con él, salen forzosamente perdiendo. Siempre tienen unos gramos de más o algunos gramos de menos, quieren mamar mucho más y mucho más tiempo de lo que está establecido por los “expertos”, quieren estar despiertos para que los mimemos y juguemos con ellos en lugar de estar tranquilos en su cochecito mirando al techo, lloran en un modo totalmente incomprensible a pesar de haberlos sometido a todos los tratamientos que recomiendan las mejores revistas del mercado. No quieren dormirse solos en su cuna, ni esperar plácidamente a que el sueño retorne si se despiertan durante la noche. Escupen sin pudor las carísimas papillas con todo tipo de vitaminas y minerales, hacen la caca en el momento menos adecuado o se abstienen durante varios días sin dar ninguna explicación. Y, sobre todo, pretenden estar día y noche con su mamá, la cual no deja de preguntarse que cosa ha hecho mal para que su hijo no sea un Niño Normal.
Sí, porque detrás de cada niño “equivocado”(es decir, todos los niños reales) existe una madre igualmente “equivocada”. Así como el niño tiene que vérselas con el Niño Normal, cada madre tiene que hacer frente a la Madre Perfecta: esa que siempre tiene sus pechos repletos de leche, pero que, al mismo tiempo, pasadas un par de semanas del parto, luce un look de eterna adolescente, haciéndose cargo del bebé tan fácilmente como si bebiera un vaso de agua, y se “organiza” sin olvidar a su marido, la vida social y la vida laboral.
El cuerpo de la madre después del parto, este organismo misterioso, con sus hormonas completamente trastornadas, las pérdidas, la leche que gotea, los senos que cambian constante de volumen, los cambios de humor, el sueño interrumpido… es una imagen completamente diferente a la que nos enseña, una vez más, la publicidad o los libros y revistas para las madres. Ninguna madre nos podemos comparar con esa Madre Perfecta, al igual que no podemos equiparar a nuestros hijos con el modelo propuesto por los mass media.
Sin embargo, los millones de niños que nacen en todo el mundo, que viven y que crecen como seres auténticos, con sus infinitas necesidades, tan únicos, tan diferentes entre sí, son una bendición para sus padres. ¿Por qué entonces desear un Niño normal, un ser totalmente abstracto, cuando un niño real y genuino está frente a nosotros? Si existiese de verdad el Niño Normal, si de la noche a la mañana apareciera en nuestra casa, estoy segura de que su presencia sería inquietante.
Abracemos fuerte a nuestro hijo, que puede que no encaje con las definiciones, las normas, las tablas, los esquemas, los juicios de los “expertos”… Dejemos que sea él a enseñarnos lo que efectivamente necesita, que es aquello que le hace sentirse bien… y esperemos que siga creciendo “equivocadamente”, y que conserve, pasando los años, eso que de único, nuevo y diferente tiene que enseñar al mundo.
Fuente: http://bebeeconomico.wordpress.com/2011/02/09/el-nino-normal/
jueves, 10 de marzo de 2011
De médico a hombre del saco
09 MAR 2011
Me lloran los niños, me ven y lloran como locos, a veces casi histéricos. Nunca antes me había pasado. Un conato de llanto se podía solucionar con un guante de látex con los ojos pintados en plan guiñol o inflado a manera de globo o un depresor de lengua con una carita sonriente. No se me resistía un niño; pero claro, esto era en Inglaterra. Resulta que aquí van y me lloran los condenados.
A ver si resulta que los niños ingleses van a ser más simpáticos... ¡Ni hablar! He tardado casi dos años en darme cuenta, muchas guardias, muchas conversaciones con colegas de otros hospitales, una observación constante a los comentarios de pacientes en los blogs médicos, las series de médicos españolas, los chats sociales… En fin, un lento analizar del entorno médico. ¿Por qué en España los niños lloran en cuanto entra el médico?
Urgencias es sin duda un sitio terrible para un niño. Primero, la espera. Desafortunadamente, todavía es corriente que los niños compartan sala de espera con los adultos en muchos centros sanitarios. Una sala llena de gente compungida, algún borracho, pacientes con goteros o con heridas... Sería lo que antiguamente llamábamos 'dos rombos', altamente inapropiados.
En muchos hospitales esperan por separado, pero nada más; nunca parece haber presupuesto para que esa sala pierda su aspecto aséptico y resulte agradable para una mente tierna. Los que manejan los hilos no tienen ni idea de la diferencia que puede hacer para la familia y para el niño que la sala de espera tenga un dibujo y cuatro juguetes. Ese tipo de cosas no se suele reflejar en ningún marcador de calidad.
Y luego está lo del uniforme. Existe una asociación que comienza casi desde que son bebés de que algo terrible va a pasar cuando aparece alguien de blanco. Acuérdense de los experimentos del perro de Paulov, por algo será, ¿no?
Yo fui durante años la única médico de urgencias en mi departamento con bata blanca (en Inglaterra no se usan) y les aseguro que la bata blanca en sí misma no hace llorar a nadie. Tampoco verán ustedes que los niños lloren cuando ven a un grupo de policías, de peluqueras o a las cajeras del Mercadona. Los uniformes, como tales, no dan miedo; pero el uniforme blanco sí, y esto parece que se lo ha ganado a pulso la clase sanitaria de este país. Sin embargo, no parece preocuparle a nadie. Pues a mí sí, oigan. Personalmente odio ver llorar a un niño y que lloren sólo con verme o asustarles, me supera.
La guinda la ponen algunos padres que refuerzan el terror de sus hijos con comentarios majaderos como “si no te dejas mirar los oídos, esta señora te pone una inyección” o “si no te callas, te dejo aquí y me voy”. ¿Y qué me dicen del repetido “es que a mi niño no le gustan los médicos”, seguro que nunca dicen “a mi niño no les gustan los ingenieros de caminos o los directores de banco”.Somos, el nuevo coco, el nuevo hombre del saco o el Lute que “salta de los trenes para robar niños". ¡Vamos anda, no me fastidies!
Pero sí, me temo que el nivel de crueldad que seguimos teniendo hacia los niños en el ambiente hospitalario lo justifica. El manejo de los niños en los hospitales sigue centrado en facilitar el trabajo eficiente de enfermera y médico, a costa de cualquier cosa, incluidos los derechos más fundamentales de los niños; uno de ellos, sentirse protegido.
Mandar a la madre (o padre) que se salga mientras se realiza un procedimiento invasivo a un niño es cruel, trasnochado e innecesario y por supuesto no beneficia al niño, que al fin y al cabo es lo único que importa. Hay ya algunos estudios de los serios que demuestran que los padres prefieren quedarse y los niños... la duda ofende (¡a los niños, claro!). Aquello de que “es que el niño está mas tranquilo” o “es que el padre seguro se marea” y cosas por el estilo esconden muchas veces inseguridades profesionales, falta de voluntad para dar explicaciones e incluso algo de falta de humanidad pues inmovilizar a un niño entre tres para realizar un procedimiento doloroso es mas cómodo sin testigos.
Cremas anestésicas antes de poner vías, sedación o analgesia efectiva para reducir fracturas o suturar heridas brillan por su ausencia con demasiada frecuencia en nuestros centros, así que si los padres se quedan fuera, pues mejor.
El personal sanitario debería realizar su trabajo sin complejos, sin nada que ocultar y dejar que los padres realicen también el suyo. Quizás con una mejor comunicación entre padres y profesionales, los del uniforme blanco podamos finalmente dejar de ser el coco-come-niños.
www.elmundo.es/blogs
Me lloran los niños, me ven y lloran como locos, a veces casi histéricos. Nunca antes me había pasado. Un conato de llanto se podía solucionar con un guante de látex con los ojos pintados en plan guiñol o inflado a manera de globo o un depresor de lengua con una carita sonriente. No se me resistía un niño; pero claro, esto era en Inglaterra. Resulta que aquí van y me lloran los condenados.
A ver si resulta que los niños ingleses van a ser más simpáticos... ¡Ni hablar! He tardado casi dos años en darme cuenta, muchas guardias, muchas conversaciones con colegas de otros hospitales, una observación constante a los comentarios de pacientes en los blogs médicos, las series de médicos españolas, los chats sociales… En fin, un lento analizar del entorno médico. ¿Por qué en España los niños lloran en cuanto entra el médico?
Urgencias es sin duda un sitio terrible para un niño. Primero, la espera. Desafortunadamente, todavía es corriente que los niños compartan sala de espera con los adultos en muchos centros sanitarios. Una sala llena de gente compungida, algún borracho, pacientes con goteros o con heridas... Sería lo que antiguamente llamábamos 'dos rombos', altamente inapropiados.
En muchos hospitales esperan por separado, pero nada más; nunca parece haber presupuesto para que esa sala pierda su aspecto aséptico y resulte agradable para una mente tierna. Los que manejan los hilos no tienen ni idea de la diferencia que puede hacer para la familia y para el niño que la sala de espera tenga un dibujo y cuatro juguetes. Ese tipo de cosas no se suele reflejar en ningún marcador de calidad.
Y luego está lo del uniforme. Existe una asociación que comienza casi desde que son bebés de que algo terrible va a pasar cuando aparece alguien de blanco. Acuérdense de los experimentos del perro de Paulov, por algo será, ¿no?
Yo fui durante años la única médico de urgencias en mi departamento con bata blanca (en Inglaterra no se usan) y les aseguro que la bata blanca en sí misma no hace llorar a nadie. Tampoco verán ustedes que los niños lloren cuando ven a un grupo de policías, de peluqueras o a las cajeras del Mercadona. Los uniformes, como tales, no dan miedo; pero el uniforme blanco sí, y esto parece que se lo ha ganado a pulso la clase sanitaria de este país. Sin embargo, no parece preocuparle a nadie. Pues a mí sí, oigan. Personalmente odio ver llorar a un niño y que lloren sólo con verme o asustarles, me supera.
La guinda la ponen algunos padres que refuerzan el terror de sus hijos con comentarios majaderos como “si no te dejas mirar los oídos, esta señora te pone una inyección” o “si no te callas, te dejo aquí y me voy”. ¿Y qué me dicen del repetido “es que a mi niño no le gustan los médicos”, seguro que nunca dicen “a mi niño no les gustan los ingenieros de caminos o los directores de banco”.Somos, el nuevo coco, el nuevo hombre del saco o el Lute que “salta de los trenes para robar niños". ¡Vamos anda, no me fastidies!
Pero sí, me temo que el nivel de crueldad que seguimos teniendo hacia los niños en el ambiente hospitalario lo justifica. El manejo de los niños en los hospitales sigue centrado en facilitar el trabajo eficiente de enfermera y médico, a costa de cualquier cosa, incluidos los derechos más fundamentales de los niños; uno de ellos, sentirse protegido.
Mandar a la madre (o padre) que se salga mientras se realiza un procedimiento invasivo a un niño es cruel, trasnochado e innecesario y por supuesto no beneficia al niño, que al fin y al cabo es lo único que importa. Hay ya algunos estudios de los serios que demuestran que los padres prefieren quedarse y los niños... la duda ofende (¡a los niños, claro!). Aquello de que “es que el niño está mas tranquilo” o “es que el padre seguro se marea” y cosas por el estilo esconden muchas veces inseguridades profesionales, falta de voluntad para dar explicaciones e incluso algo de falta de humanidad pues inmovilizar a un niño entre tres para realizar un procedimiento doloroso es mas cómodo sin testigos.
Cremas anestésicas antes de poner vías, sedación o analgesia efectiva para reducir fracturas o suturar heridas brillan por su ausencia con demasiada frecuencia en nuestros centros, así que si los padres se quedan fuera, pues mejor.
El personal sanitario debería realizar su trabajo sin complejos, sin nada que ocultar y dejar que los padres realicen también el suyo. Quizás con una mejor comunicación entre padres y profesionales, los del uniforme blanco podamos finalmente dejar de ser el coco-come-niños.
www.elmundo.es/blogs
domingo, 6 de marzo de 2011
Si eres dueña de tu vida...
Hay algunas blogueras que, para mi, escriben y se expresan realmente bien. Mónica es una de ellas. ¡Unámonos a esta revolución!
Sacrificio y revolución
por Mónica Felipe
Desde que el patriarcado se instauró, las mujeres y los hombres hemos pagado con nuestro cuerpo y nuestra sangre el sostenimiento de un sistema insostenible. En las civilizaciones mayas, aztecas... los sacrificios en el altar de los Dioses consistían en la extracción del corazón de los pechos de nosotras o nuestros hijos. En la antigua Grecia el mito del Minotaruro nos recuerda el sacrificio que cada año la ciudad otorgaba. Eran siete doncellas y siete jóvenes entregados al toro. Los fenicios realizaban con frecuencia sacrificios de niños en honor de Moloch (más tarde identificado como Saturno). Los cartagineses tomaron estas prácticas y las hicieron suyas. También podemos leer en la Biblia el sacrificio de Isaac, en este mismo sentido. En Roma, los sacrificios humanos, también se realizaron aunque en menor medida. Se trataba de la institución denominada devotio, por la cual un ser humano, generalmente voluntario, se ofrecía como objeto para descargar la ira de los Dioses a fin de salvar un ejército, ciudad...
En la actualidad no realizamos sacrificios humanos con cuchillos y lanzas. Pero el sistema, que es insostenible, necesita el sacrificio de, cada vez más personas, para continuar. Ahora, no abrimos el pecho de un inocente y sacamos su corazón palpitante para mostrarlo a los Dioses; ahora nos sacrificamos en horarios laborales inútiles para poder comprar un adosado y un coche, a ser posible, mayor que el del vecino. Ahora, no imploramos a los Dioses con el cuerpo de nuestro hijo ofrecido en el altar; ahora damos a nuestros bebés a otras mujeres u hombres para que los críen ellos, en la creencia de que es lo que hay que hacer como consagración al sistema capitalista. Ahora, sacrificamos nuestro cuerpo y el de nuestros hijos con enfermedades imposibles originadas por la alimentación envenenada, el agua adulterada y el aire contaminado. Ahora, que ya no tenemos que caer de rodillas ante un sacerdote, bajamos la cabeza y ofrecemos el sacrificio de nuestros hijos que, durante horas, días y años languidecen en un sistema educativo estéril e inadecuado al que rendimos pleitesía por miedo.
Imagina por un momento que las mujeres juntas, a la vez, decidiéramos dejar de sacrificarnos a nosotras mismas y nuestros hijos y nos levantáramos pacíficamente. Que no consintiéramos parir como cobayas, y exigiéramos que el parto en casa fuera gratuito y libre para quien lo quisiera. Convertir el hecho de parir en un acto de placer orgásmico, un acontecimiento sexual, privado y soberano. Imagina que todas las mujeres decidiéramos que somos las madres las que queremos criar a nuestros hijos y no abandonarlos en brazos de otros que cobran por este trabajo (sin que esto signifique renunciar a los derechos laborales adquiridos). Imagina por un momento que todas las mujeres dejamos de hacerle el juego al sistema capitalista y nos revelamos ante la idea de que el cuidado, el amor y el respeto son acciones menos relevantes que la construcción de autopistas, el estudio de las lenguas muertas o la investigación farmacéutica. Imagina que decidimos que nuestros hijos son, ante todo, seres humanos dignos y libres y los tratamos como tal y no consentimos que nadie los humille o desprecie.
Imagina por un momento que tú eres dueña de tu vida, que tú puedes decidir qué quieres hacer, que tienes todo el poder dentro de ti, que no le debes nada a nadie. Si así fuera ¿te levantarías y comenzarías a caminar? Entonces, conecta con tu energía femenina y ponte en marcha. Esta revolución no es como las anteriores. Esta revolución es silenciosa, se hace de dentro a afuera. Es una revolución que acoge no separa Nos concilia con lo que somos, no intenta modificarnos. Esta revolución ya ha comenzado... y todas estamos invitadas.
http://estudiosobreelutero.blogspot.com/
Sacrificio y revolución
por Mónica Felipe
Desde que el patriarcado se instauró, las mujeres y los hombres hemos pagado con nuestro cuerpo y nuestra sangre el sostenimiento de un sistema insostenible. En las civilizaciones mayas, aztecas... los sacrificios en el altar de los Dioses consistían en la extracción del corazón de los pechos de nosotras o nuestros hijos. En la antigua Grecia el mito del Minotaruro nos recuerda el sacrificio que cada año la ciudad otorgaba. Eran siete doncellas y siete jóvenes entregados al toro. Los fenicios realizaban con frecuencia sacrificios de niños en honor de Moloch (más tarde identificado como Saturno). Los cartagineses tomaron estas prácticas y las hicieron suyas. También podemos leer en la Biblia el sacrificio de Isaac, en este mismo sentido. En Roma, los sacrificios humanos, también se realizaron aunque en menor medida. Se trataba de la institución denominada devotio, por la cual un ser humano, generalmente voluntario, se ofrecía como objeto para descargar la ira de los Dioses a fin de salvar un ejército, ciudad...
En la actualidad no realizamos sacrificios humanos con cuchillos y lanzas. Pero el sistema, que es insostenible, necesita el sacrificio de, cada vez más personas, para continuar. Ahora, no abrimos el pecho de un inocente y sacamos su corazón palpitante para mostrarlo a los Dioses; ahora nos sacrificamos en horarios laborales inútiles para poder comprar un adosado y un coche, a ser posible, mayor que el del vecino. Ahora, no imploramos a los Dioses con el cuerpo de nuestro hijo ofrecido en el altar; ahora damos a nuestros bebés a otras mujeres u hombres para que los críen ellos, en la creencia de que es lo que hay que hacer como consagración al sistema capitalista. Ahora, sacrificamos nuestro cuerpo y el de nuestros hijos con enfermedades imposibles originadas por la alimentación envenenada, el agua adulterada y el aire contaminado. Ahora, que ya no tenemos que caer de rodillas ante un sacerdote, bajamos la cabeza y ofrecemos el sacrificio de nuestros hijos que, durante horas, días y años languidecen en un sistema educativo estéril e inadecuado al que rendimos pleitesía por miedo.
Imagina por un momento que las mujeres juntas, a la vez, decidiéramos dejar de sacrificarnos a nosotras mismas y nuestros hijos y nos levantáramos pacíficamente. Que no consintiéramos parir como cobayas, y exigiéramos que el parto en casa fuera gratuito y libre para quien lo quisiera. Convertir el hecho de parir en un acto de placer orgásmico, un acontecimiento sexual, privado y soberano. Imagina que todas las mujeres decidiéramos que somos las madres las que queremos criar a nuestros hijos y no abandonarlos en brazos de otros que cobran por este trabajo (sin que esto signifique renunciar a los derechos laborales adquiridos). Imagina por un momento que todas las mujeres dejamos de hacerle el juego al sistema capitalista y nos revelamos ante la idea de que el cuidado, el amor y el respeto son acciones menos relevantes que la construcción de autopistas, el estudio de las lenguas muertas o la investigación farmacéutica. Imagina que decidimos que nuestros hijos son, ante todo, seres humanos dignos y libres y los tratamos como tal y no consentimos que nadie los humille o desprecie.
Imagina por un momento que tú eres dueña de tu vida, que tú puedes decidir qué quieres hacer, que tienes todo el poder dentro de ti, que no le debes nada a nadie. Si así fuera ¿te levantarías y comenzarías a caminar? Entonces, conecta con tu energía femenina y ponte en marcha. Esta revolución no es como las anteriores. Esta revolución es silenciosa, se hace de dentro a afuera. Es una revolución que acoge no separa Nos concilia con lo que somos, no intenta modificarnos. Esta revolución ya ha comenzado... y todas estamos invitadas.
http://estudiosobreelutero.blogspot.com/
Día Mundial de la Mujer, 8 de marzo
La Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y del Nacimiento RELACAHUPAN-Ecuador en el DIA MUNDIAL DE LA MUJER
RESPETANDO LOS DERECHOS DE LA MUJER DURANTE EL EMBARAZO, PARTO Y POSTPARTO
En este día de la mujer deseamos sensibilizar a la sociedad sobre los derechos en el parto, integrándolos a todos los derechos de las mujeres y a los Derechos Humanos.
Porque la maternidad segura no sólo depende del manejo de riesgos, del conocimiento técnico y del recurso a la tecnología, deseamos promover una atención generalizada del parto humanizado, cuyos principios básicos son:
a.. trato digno y respeto de nuestras necesidades fisiológicas, psicológicas, afectivas y culturales
b.. libertad de posición y movimiento durante el trabajo de parto
c.. acompañamiento de personas y lugar de nuestra elección
d.. apego inmediato y permanente con nuestros hijos
Un llamado a la acción
RESPETANDO LOS DERECHOS DE LA MUJER DURANTE EL EMBARAZO, PARTO Y POSTPARTO
En este día de la mujer deseamos sensibilizar a la sociedad sobre los derechos en el parto, integrándolos a todos los derechos de las mujeres y a los Derechos Humanos.
Porque la maternidad segura no sólo depende del manejo de riesgos, del conocimiento técnico y del recurso a la tecnología, deseamos promover una atención generalizada del parto humanizado, cuyos principios básicos son:
a.. trato digno y respeto de nuestras necesidades fisiológicas, psicológicas, afectivas y culturales
b.. libertad de posición y movimiento durante el trabajo de parto
c.. acompañamiento de personas y lugar de nuestra elección
d.. apego inmediato y permanente con nuestros hijos
Un llamado a la acción
sábado, 5 de marzo de 2011
Una chirigota
Siempre hay otra forma de mirar, de sentir... por ellas, para que sea más facil abrazar la herida
viernes, 4 de marzo de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
¿Alguna vez la habeis escuchado?
PILAR SORDO.
viernes, 25 de febrero de 2011
La educación de los niños
La educación de los niños
GUSTAVO MARTÍN GARZO 15/06/2008
En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino quese deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilarlos, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de me-morias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
Gustavo Martín Garzo es escritor.
GUSTAVO MARTÍN GARZO 15/06/2008
En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino quese deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilarlos, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de me-morias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
Gustavo Martín Garzo es escritor.
jueves, 17 de febrero de 2011
Cuando el cuerpo grita lo que la boca calla
escucha tu cuerpo...
"CUANDO EL CUERPO GRITA ... LO QUE LA BOCA CALLA"
"La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma". Dr. Bach
Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las dudas aumentan.
El corazón se "afloja" cuando el sentido de la vida parece terminar.
La "alergia" aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se "quiebran" cuando las defensas están amenazadas.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores "callados". ¿Cómo "hablan" en tu cuerpo?
Elige alguien que te pueda ayudar a "organizar las ideas", "armonizar las sensaciones" y recuperar la alegría.
Todos precisamos saludablemente de "un oyente interesado".
Pero todo depende, principalmente, de nuestro esfuerzo personal para hacer que sucedan mudanzas en nuestra vida.
"CUANDO EL CUERPO GRITA ... LO QUE LA BOCA CALLA"
"La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma". Dr. Bach
Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las dudas aumentan.
El corazón se "afloja" cuando el sentido de la vida parece terminar.
La "alergia" aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se "quiebran" cuando las defensas están amenazadas.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores "callados". ¿Cómo "hablan" en tu cuerpo?
Elige alguien que te pueda ayudar a "organizar las ideas", "armonizar las sensaciones" y recuperar la alegría.
Todos precisamos saludablemente de "un oyente interesado".
Pero todo depende, principalmente, de nuestro esfuerzo personal para hacer que sucedan mudanzas en nuestra vida.
viernes, 11 de febrero de 2011
Enseñando a través del amor en lugar del miedo
He encontrado este post y me ha encantado... 100x100 de acuerdo con toda la reflexión... pero he de confesar que en mi vida familiar andamos mucho más de lo que nos gustaría con chantajes y amenazas ¿cuantas veces contaré yo 1, 2 y ...? Y qué razón tiene, alguno de mis hijos ya es de mi estatura como no haya sembrado otra cosa lo tengo muy muy negro.
Enseñando a través del amor en lugar del miedo
por Pam Leo
Te puedes imaginar amenazando a tu pareja o mejor amigo contando “Uno… dos… tres…” si no hiciese lo que quieres?
Una de la mayores preocupaciones en las escuelas hoy es el ”bullying.” Los padres y profesores luchan diariamente para detener este comportamiento. Sin darse cuenta, los adultos provocan comportamiento intimidatorio haciendo de modelos cuando usan la amenaza de su tamaño físico o poder para obligar a los niños a hacer cosas. Cuando oigo a un padre contar “Uno… dos” a un niño, siempre me pregunto qué le han dicho al niño que sucederá si llega al tres. Se amenaza con una bofetada, con gritos, se acabó el tiempo, con dejarle solo (Me voy sin tí) o con no quererle más o no hacerle caso? Sea cuál sea la amenaza pocas veces oigo “tres”. Tal y como pretende, la amenaza de lo que sucederá si el padre llega a tres, normalmente convence al niño para que haga lo que su padre le dice. Los padres utilizan amenazas para hacer que sus hijos cooperen porque era lo que los adultos hacían cuando ellos crecían. La mayor parte de nosotros hemos oido la frase: ”o si no...” Hacíamos lo que se nos decía por miedo, incluso aunque no supieramos lo que sería ese ”si no…”.
Aunque contar pueda parecer una forma mágica de disciplina, las amenazas no tienen nada de mágico. Los niños saben que los adultos son más grandes y fuertes que ellos. Se avienen por autodefensa. Si la única manera de conseguir que los niños hagan lo que les pedimos es intimidarlos con nuestro gran tamaño y poder, ¿cómo haremos que hagan lo que les pedimos cuando ya no seamos más grandes ni más poderosos? Pregúntele a los padres de un adolescente si lo de contar todavía les funciona. Las amenazas no sólo no funcionan sino que los niños han aprendido a usar los mismos medios para hacer que otros hagan lo que quieren.
Muchos padres consideran el comportamiento de sus hijos, poco cooperativo, como un reto a su autoridad. Una vez que comprendemos que el comportamiento no cooperativo está causado normalmente por una necesidad no satisfecha del niño o por unas expectativas irreales del adulto, no nos lo tomaremos como algo personal. Los padres y los niños, normalmente tienen diferentes necesidades. A veces nuestros planes y necesidades entran en conflicto con las de ellos. Un niño inmerso en el juego no querrá interrumpirlo para acompañarnos al banco o a la frutería antes de que cierre. Cuando un padre necesita hacer una cosa y el niño otra, hay un conflicto de necesidades. Este conflicto de necesidades se convierte en una lucha de poder cuando los padres utilizan el poder del miedo en lugar del del amor. El vínculo o conexión que los padres tienen con sus hijos es su herramienta más poderosa. Un vínculo sólido se crea con el tiempo se cubren las necesidades tempranas de los hijos de manera amorosa y equilibrada. Las amenazas comunican, “Lo que pienses, sientas, quieras o necesites no es importante.” Las amenazas resquebrajan el vínculo padres-hijos. Cuando aprendemos a resolver “conflictos de necesidades” de maneras que muestren a los niños que sus necesidades y sentimientos importan, fortalecemos el vínculo y evitamos muchas luchas de poder.
La razón más común de conflicto de necesidades entre padres e hijos es la falta de recursos. Si los padres tuvieran más recursos no tendrían que llevar con ellos al niño al banco o a la frutería porque habría alguien que podría quedarse con el niño. Mientras haya una falta de recursos habrá un conflicto de necesidades. Hasta que averigüemos cómo introducir más recursos en nuestras vidas tenemos que encontrar otros modos de resolver nuestros conflictos si queremos dejar de enseñar a los niños a hacer “bullying”. Si queremos enseñar a los niños a amar en lugar de odiar, tenemos que aprender a usar habilidades de resolución de conflictos en nuestra relaciones diarias con ellos. Igual que los niños aprenden a intimidar de lo que ven hacer a los adultos, pueden aprender a resolver conflictos y habilidades para la solución de problemas de lo que nosotros hagamos. Cuando los niños aprenden las habilidades por cómo les tratamos en casa las transmitirán a sus relaciones en la escuela.
Pueden aprender resolución de conflictos desde muy pequeñitos si les enseñamos. A un hermano mayor se le puede enseñar a buscar otro juguete para intercambiarlo con su hermano pequeño en lugar de arrancarle el que tiene en las manos. Cuando dos niños quieren el mismo juguete podemos ayudarles a encontrar una solución. Cuando el conflicto surge porque los padres tienen que hacer un recado y el niño simplemente quiere quedarse en casa jugando podemos decir “veamos si podemos encontrar un modo de que ambos tengamos lo que necesitamos.” Quizás el niño podría llevar el juguete en el coche o el recado podría esperar hasta mañana”. Cuando un padre se dispone a marcharse del parque y el niño quiere quedarse más, podemos sugerir un compromiso de cinco minutos más y hacer algo divertido al llegar a casa. Normalmente no es tanto que el niño no quiera irse como que no quiere que la diversión se termine. Cuando enseñamos a los niños que son importantes las necesidades de todos haciendo honor a las suyas aprenden a prestar atención a las de los demás.
Habrá veces en que no tengamos tiempo o recursos para cubrir las necesidades del niño. Habrá veces en las que incluso después de hacerlo el niño aún es incapaz de cooperar. En esos momentos es importante comunicar que los padres también tienen necesidades y aunque haga al niño infeliz tenemos que irnos y permitir que el niño tenga esos sentimientos sobre tener que irse. Nunca está bien decirle a un niño que te vas sin él. Amenazar a un niño con abandonarlo le aterroriza. Cuando el niño tiene una rabieta por irse puede que irse del parque no sea, en absoluto, la razón. Irse puede ser la gota que colma el vaso después de un día de acumulación de pequeñas frustraciones. Puede que el niño simplemente necesite llorar para dejar salir el estres de todo el día. Un niño será capaz de seguir adelante mucho más dispuesto cuando le digamos “Sé que estás triste y está bien que llores” que si le decimos “Deja de llorar o te doy un motivo para que llores de verdad!” Una vez que ha llorado normalmente se sentirá mejor y será más capaz de cooperar.
Cuando las necesidades de un niño están cubiertas y nada les daña son encantadores. Cuando un niño responde negativamente a una petición razonable tenemos que buscar qué necesidad está en conflicto. Una vez que sepamos como chocan nuestras necesidades podemos intentar resolver el problema. He aprendido a decir “Cuando te portas así, sé que algo va mal, porque nosotros nos queremos y las personas que se quieren no se tratan de ese modo. Me puedes decir lo qué necesitas o lo que te molesta?” Si puedo recordar detenerme y hacer una simple pregunta se cambia todo el cotexto del conflicto. Esa pregunta comunica ” Te quiero y lo que sientes y necesitas me importa.”
A veces no hay manera de que ambas personas obtengan lo que necesitan. Pero no hacerlo es mucho más fácil de soportar si te tratan de modo que puedas mantener la dignidad. Contarle hasta tres a un niño comunica, “Soy más grande y más fuerte que tú y harías mejor en hacer lo que digo o de otro modo (en cierto modo) te haré daño. ” Cuando un niño mayor le dice a uno más pequeño, “Haz lo que te digo o te pego,” lo llamamos bullying. Cuando un adulto le comunica lo mismo a un niño contando hasta tres, lo llamamos disciplina. Cuando tratamos a los niños de formas que les arrebatan su dignidad les estamos enseñando a arrebatársela a otros. Si queremos que los niños dejen de intimidar a otros, tenemos que dejar de intimidarles. El poder del miedo es fácil y rápido pero dura poco.
El poder del amor requiere más trabajo y lleva más tiempo pero los niños nunca son demasiado grandes para sentir su influencia.
Fuente: http://amarpartos.blogspot.com
Enseñando a través del amor en lugar del miedo
por Pam Leo
Te puedes imaginar amenazando a tu pareja o mejor amigo contando “Uno… dos… tres…” si no hiciese lo que quieres?
Una de la mayores preocupaciones en las escuelas hoy es el ”bullying.” Los padres y profesores luchan diariamente para detener este comportamiento. Sin darse cuenta, los adultos provocan comportamiento intimidatorio haciendo de modelos cuando usan la amenaza de su tamaño físico o poder para obligar a los niños a hacer cosas. Cuando oigo a un padre contar “Uno… dos” a un niño, siempre me pregunto qué le han dicho al niño que sucederá si llega al tres. Se amenaza con una bofetada, con gritos, se acabó el tiempo, con dejarle solo (Me voy sin tí) o con no quererle más o no hacerle caso? Sea cuál sea la amenaza pocas veces oigo “tres”. Tal y como pretende, la amenaza de lo que sucederá si el padre llega a tres, normalmente convence al niño para que haga lo que su padre le dice. Los padres utilizan amenazas para hacer que sus hijos cooperen porque era lo que los adultos hacían cuando ellos crecían. La mayor parte de nosotros hemos oido la frase: ”o si no...” Hacíamos lo que se nos decía por miedo, incluso aunque no supieramos lo que sería ese ”si no…”.
Aunque contar pueda parecer una forma mágica de disciplina, las amenazas no tienen nada de mágico. Los niños saben que los adultos son más grandes y fuertes que ellos. Se avienen por autodefensa. Si la única manera de conseguir que los niños hagan lo que les pedimos es intimidarlos con nuestro gran tamaño y poder, ¿cómo haremos que hagan lo que les pedimos cuando ya no seamos más grandes ni más poderosos? Pregúntele a los padres de un adolescente si lo de contar todavía les funciona. Las amenazas no sólo no funcionan sino que los niños han aprendido a usar los mismos medios para hacer que otros hagan lo que quieren.
Muchos padres consideran el comportamiento de sus hijos, poco cooperativo, como un reto a su autoridad. Una vez que comprendemos que el comportamiento no cooperativo está causado normalmente por una necesidad no satisfecha del niño o por unas expectativas irreales del adulto, no nos lo tomaremos como algo personal. Los padres y los niños, normalmente tienen diferentes necesidades. A veces nuestros planes y necesidades entran en conflicto con las de ellos. Un niño inmerso en el juego no querrá interrumpirlo para acompañarnos al banco o a la frutería antes de que cierre. Cuando un padre necesita hacer una cosa y el niño otra, hay un conflicto de necesidades. Este conflicto de necesidades se convierte en una lucha de poder cuando los padres utilizan el poder del miedo en lugar del del amor. El vínculo o conexión que los padres tienen con sus hijos es su herramienta más poderosa. Un vínculo sólido se crea con el tiempo se cubren las necesidades tempranas de los hijos de manera amorosa y equilibrada. Las amenazas comunican, “Lo que pienses, sientas, quieras o necesites no es importante.” Las amenazas resquebrajan el vínculo padres-hijos. Cuando aprendemos a resolver “conflictos de necesidades” de maneras que muestren a los niños que sus necesidades y sentimientos importan, fortalecemos el vínculo y evitamos muchas luchas de poder.
La razón más común de conflicto de necesidades entre padres e hijos es la falta de recursos. Si los padres tuvieran más recursos no tendrían que llevar con ellos al niño al banco o a la frutería porque habría alguien que podría quedarse con el niño. Mientras haya una falta de recursos habrá un conflicto de necesidades. Hasta que averigüemos cómo introducir más recursos en nuestras vidas tenemos que encontrar otros modos de resolver nuestros conflictos si queremos dejar de enseñar a los niños a hacer “bullying”. Si queremos enseñar a los niños a amar en lugar de odiar, tenemos que aprender a usar habilidades de resolución de conflictos en nuestra relaciones diarias con ellos. Igual que los niños aprenden a intimidar de lo que ven hacer a los adultos, pueden aprender a resolver conflictos y habilidades para la solución de problemas de lo que nosotros hagamos. Cuando los niños aprenden las habilidades por cómo les tratamos en casa las transmitirán a sus relaciones en la escuela.
Pueden aprender resolución de conflictos desde muy pequeñitos si les enseñamos. A un hermano mayor se le puede enseñar a buscar otro juguete para intercambiarlo con su hermano pequeño en lugar de arrancarle el que tiene en las manos. Cuando dos niños quieren el mismo juguete podemos ayudarles a encontrar una solución. Cuando el conflicto surge porque los padres tienen que hacer un recado y el niño simplemente quiere quedarse en casa jugando podemos decir “veamos si podemos encontrar un modo de que ambos tengamos lo que necesitamos.” Quizás el niño podría llevar el juguete en el coche o el recado podría esperar hasta mañana”. Cuando un padre se dispone a marcharse del parque y el niño quiere quedarse más, podemos sugerir un compromiso de cinco minutos más y hacer algo divertido al llegar a casa. Normalmente no es tanto que el niño no quiera irse como que no quiere que la diversión se termine. Cuando enseñamos a los niños que son importantes las necesidades de todos haciendo honor a las suyas aprenden a prestar atención a las de los demás.
Habrá veces en que no tengamos tiempo o recursos para cubrir las necesidades del niño. Habrá veces en las que incluso después de hacerlo el niño aún es incapaz de cooperar. En esos momentos es importante comunicar que los padres también tienen necesidades y aunque haga al niño infeliz tenemos que irnos y permitir que el niño tenga esos sentimientos sobre tener que irse. Nunca está bien decirle a un niño que te vas sin él. Amenazar a un niño con abandonarlo le aterroriza. Cuando el niño tiene una rabieta por irse puede que irse del parque no sea, en absoluto, la razón. Irse puede ser la gota que colma el vaso después de un día de acumulación de pequeñas frustraciones. Puede que el niño simplemente necesite llorar para dejar salir el estres de todo el día. Un niño será capaz de seguir adelante mucho más dispuesto cuando le digamos “Sé que estás triste y está bien que llores” que si le decimos “Deja de llorar o te doy un motivo para que llores de verdad!” Una vez que ha llorado normalmente se sentirá mejor y será más capaz de cooperar.
Cuando las necesidades de un niño están cubiertas y nada les daña son encantadores. Cuando un niño responde negativamente a una petición razonable tenemos que buscar qué necesidad está en conflicto. Una vez que sepamos como chocan nuestras necesidades podemos intentar resolver el problema. He aprendido a decir “Cuando te portas así, sé que algo va mal, porque nosotros nos queremos y las personas que se quieren no se tratan de ese modo. Me puedes decir lo qué necesitas o lo que te molesta?” Si puedo recordar detenerme y hacer una simple pregunta se cambia todo el cotexto del conflicto. Esa pregunta comunica ” Te quiero y lo que sientes y necesitas me importa.”
A veces no hay manera de que ambas personas obtengan lo que necesitan. Pero no hacerlo es mucho más fácil de soportar si te tratan de modo que puedas mantener la dignidad. Contarle hasta tres a un niño comunica, “Soy más grande y más fuerte que tú y harías mejor en hacer lo que digo o de otro modo (en cierto modo) te haré daño. ” Cuando un niño mayor le dice a uno más pequeño, “Haz lo que te digo o te pego,” lo llamamos bullying. Cuando un adulto le comunica lo mismo a un niño contando hasta tres, lo llamamos disciplina. Cuando tratamos a los niños de formas que les arrebatan su dignidad les estamos enseñando a arrebatársela a otros. Si queremos que los niños dejen de intimidar a otros, tenemos que dejar de intimidarles. El poder del miedo es fácil y rápido pero dura poco.
El poder del amor requiere más trabajo y lleva más tiempo pero los niños nunca son demasiado grandes para sentir su influencia.
Fuente: http://amarpartos.blogspot.com
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